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Los retos de la teología en el siglo XXI

José Comblin

 

Nuestro punto de partida será la distinción entre religión y evangelio. El cristianismo no es originalmente una religión y Jesús no fundó ninguna religión. Más tarde los cristianos fundaron la religión cristiana, creación humana y no divina.

      

            La religión es producto de la cultura humana.  Hay una gran variedad de religiones, y todas tienen la misma estructura aunque muy diversas en su forma exterior.  Todas tienen una mitología, un culto y una clase dedicada a su ejercicio.  En eso la religión cristiana no es diferente de las demás.  Ella también es creación humana, producto de diversas culturas.  La religión es una realidad básica de la existencia humana.  Plantea los problemas del sentido de la vida en esta tierra, el problema de los valores, el lugar del ser humano en el universo, y el problema de la salvación de este mundo de todos sus males.

 

            La religión ha sido muy estudiada por la antropología religiosa, por la sociología religiosa, por la sicología religiosa, por la historia de las religiones. Todo eso ilustra también la religión cristiana. Por ser creación humana, la religión cristiana ha cambiado y puede todavía cambiar en el porvenir según los cambios de la historia.  Este es incluso uno de los grandes desafíos de la hora presente, porque la religión cristiana está agotada y no ofrece respuesta a la orientación de la cultura actual, salvo restos del pasado.

 

            El evangelio de Jesús no es una religión.  Jesús no fundó ninguna religión: no proclamó una doctrina religiosa o una mitología, ningún discurso sobre Dios, no fundó ningún culto y no fundó ninguna clase clerical.  Jesús proclamó e inauguró el reino de Dios en la tierra.  El Reino de Dios no es ningún reino religioso, es una renovación de toda la humanidad, realización que cambia el sentido de la historia humana, abriendo una nueva época, la última.  Es un mensaje para toda la humanidad en todas sus culturas y religiones.  Se podría decir que es un mensaje y una historia meta-política.

 

            Puesto que los seres humanos no pueden vivir sin religión, los discípulos de Cristo durante 2000 años construyeron una religión que fue como el revestimiento del mensaje cristiano, con el peligro de transformar el cristianismo en una religión.  El revestimiento religioso puede ocultar el mensaje del evangelio o puede conducir a ese mensaje según la evolución de la historia. En muchos casos la religión ocultó el evangelio.  Los cristianos enunciaron una doctrina que usó muchos elementos del judaísmo o de las religiones no cristianas ni judías, crearon un culto de la misma inspiración y crearon todo un sistema jurídico que encuadra una institución muy compleja.

 

            Podemos decir que la historia del cristianismo es la historia de una tensión o de un conflicto entre religión y evangelio, entre una tendencia humana hacia la religión, y las voces o las vidas de los que querían vivir según el evangelio.

 

            Las religiones son conservadoras y creen en un mundo permanente en el que todo recibe una explicación religiosa.  La religión cambia inconscientemente pero resiste ante cualquier solicitación de cambio voluntario.  Muchos cristianos y estructuras cristianas luchan sin saberlo contra el evangelio.  Hay algo de verdad en lo que decía Charles Maurras, ateo francés del siglo XX, cuando decía que felicitaba a la religión romana por haber sacado del cristianismo todo el veneno del evangelio.  Es un poco exagerado pero sugestivo.

 

 

            El evangelio es cambio, movimiento, libertad.  No puede aceptar el mundo que existe, porque tiene que cambiarlo.  El evangelio es conflicto entre ricos y pobres.  Es opción entre ricos y pobres.  En la religión ricos y pobres son parte de la armonía general.  Son así porque tiene que ser así, aunque los ricos tengan que ayudar a los pobres sin cambiar esa estructura creada por Dios o por los sustitutos de Dios.  La religión quiere paz, aunque sea con alianza con los poderosos.  El evangelio quiere conflicto.

 

            La tarea de la teología es mostrar la distinción, buscar lo que es el evangelio y todo lo que se añadió y puede o debe cambiar para ser fiel a ese evangelio.  Es libertar el evangelio de la religión.  La religión es buena si ayuda a buscar el evangelio y no a olvidarlo bajo el revestimiento religioso.  Es una necesidad humana pero tiene que ser investigada y corregida.

 

            La teología está al servicio del pueblo cristiano o aun no cristiano, para que conozca el verdadero evangelio y pueda llegar a la fe verdadera y no a un sentimiento religioso.  Durante siglos la teología estuvo al servicio de la institución para defenderla de las herejías o de los enemigos de la Iglesia.  Así fue después de Trento hasta el siglo XX y en muchas regiones hasta Vaticano II. Fue apologética, arma intelectual en el combate contra las Iglesias reformadas y toda la modernidad, al servicio de la jerarquía.  De cierto modo era un arma dirigida contra los laicos para que no se dejaran seducir por los enemigos de la Iglesia.  Hasta Trento la teología era comentario de la Biblia , libre, abierta a todos, como trabajo intelectual gratuito.  La Reforma partió de teólogos y entonces la teología estuvo bajo el control estrecho de la jerarquía.

 

            1.  Dios

 

        La mayoría de los católicos entiende por la palabra Dios, una idea de Dios común a toda la humanidad con formas diferentes.  Dios sería un Dios cósmico. Está dentro del cosmos como su creador o su ordenador.  Es todo-poderoso, eterno, omnisciente, capaz de castigar o de recompensar, sensible a las oraciones y exigente de sacrificios y  donaciones.  Hay que pedirle perdón y pagar ese perdón por varias prestaciones.  Es parte del universo al nivel más alto, sentado en el cielo de donde dirige el mundo entero.  Es el autor del orden o de lo que los seres humanos llaman orden del mundo y que en realidad es el desorden del mundo.  No quiere que se cambie ese orden.

 

            Creen que conocen a Dios y no lo conocen.  Conocen apenas una idea común a toda la humanidad bajo muchas formas diferentes.  No conocen a Dios, porque a Dios nadie jamás lo ha visto y nadie sabe lo que es.  Se creen que lo conocen, se equivocan y engañan a los demás.

 

            2.  La revelación

 

            Dios se dio a conocer en Jesucristo.  Anunció esa revelación por los  profetas, pero no se había revelado.  Se dio a conocer en la vida de Jesús.   Jesús no lo dio a conocer por medio de palabras, discursos o de doctrinas.    No ha  hecho nada de eso.   Nunca dijo lo que era el Padre  en forma teórica.   En  eso hace caducar cualquier discurso sobre Dios y cualquier teología que son  construcciones humanas.   Suponen que ese discurso expresa lo que Jesús quiso decir y no dijo.   Es un error.   Si no lo dijo, ese mismo silencio ya es una  revelación.

 

            La Palabra o la revelación de Dios se hizo carne.  No dijo hombre  porque  hombre es una categoría ambigua.   ¿Qué es ser  hombre?   La  doctrina oficial  de  la Iglesia se inspira en las categorías griegas que usaron los grandes  Concilios que hablan de dos  naturalezas en Jesús:  la divina y la humana. Jesús tendría una naturaleza humana.   Pero la palabra naturaleza  no dice nada  de lo que Juan  quiere decir.   Jesús era  carne, lo que significa una vida  humana con toda su debilidad, expuesta a todos los accidentes del mundo  material, una vida hecha de esperanzas, ilusiones y desilusiones, proyectos, éxitos y fracasos,  hecha de alegría y tristeza, que finalmente termina en la  muerte.  La  carne es todo eso y mucho más.

 

            La Palabra se hizo carne, o sea Dios se hizo carne.  Esto significa que  Dios abandonó todo su poder y se hizo débil como cualquier ser humano.   Ni siquiera aceptó lo que lo que es poder en la sociedad humana.   Dios se hizo pobre,  laico, sin dinero, sin poder político, sin poder cultural.   Se hizo un campesino de  Galilea, provincia maldita por los judíos fieles a la ley.   Dios es débil,  conoce el  sufrimiento, la persecución, la muerte infamante de la cruz.  El Padre no se  separa nunca del Hijo.   El uno está en el otro.

 

            ¿Dónde está la revelación de Dios? Está en la vida de Jesús, primero en  el proyecto global de su vida.   Jesús tenía un proyecto bien definido que expuso  en todas sus acciones y sus palabras.   El proyecto es un cambio radical  de toda  la humanidad en vista de una humanidad justa y fraterna.     En  este proyecto  constan: la declaración de obsoleta de la religión de Israel para volver a las  promesa de Abraham; la  polémica contra las autoridades que  quieren mantener el sistema judaico hasta el  conflicto final que desemboca en la cruz.   La  cruz es la conclusión final de la lucha contra los defensores de la ley tradicional del judaísmo.  Además,  Jesús da las señales de la nueva humanidad  por el cuidado de los enfermos, el privilegio de los  dominados y las víctimas  acusados de ser pecadores, la elección de un  grupo de  discípulos encargados  de comunicar el evangelio en el mundo entero; las señales de apertura hacia  los paganos y los herejes  samaritanos; el reemplazo de la ley por la libertad.   Jesús quiere una humanidad libre.  Pablo resume muy bien  cuando  define el  cristianismo como llamado a la libertad.   Lo que hizo  Jesús revela al Padre.  No  podemos leer las páginas del evangelio fuera de su contexto global que es el  proyecto de vida de Jesús.

 

            3.   La libertad de Dios

 

              La  libertad de Dios se muestra en esto que hace abandono de todo poder.   La vida de Jesús es sin poder, no se impone, no condena, no obliga, programa que fue el de  dom Helder  cuando llegó a Recife:  dos palabras prohibidas,  mandar y exigir. Jesús muestra el camino  andando como lo hace.   Viene a abrir  el camino hacia una humanidad libre.   En ese  camino no hay  ningún poder.   Actúa libremente sin miedo, resiste las tentaciones de poder del Satanás, entra  en conflicto con todas las autoridades sin miedo y con la mayor audacia.  Dios   respeta la libertad de los seres humanos y con eso les abre el camino a la  libertad para que sigan ese camino.   La cruz muestra el camino de la libertad: mejor morir que matar.  Cree en la eficacia de la muerte porque sabe que Dios pasa por el camino de la libertad sin dominación.  La fuerza de Dios está en el  testimonio y en el amor a los rechazados, pecadores, víctimas, pobres en  general.   Esas son sus fuerzas.   Es un Dios muy diferente de los dioses imaginados por las religiones, incluso por la religión cristiana.

 

            La libertad procede del amor y el amor procede de la libertad.   Amar es  hacer hombres y  mujeres  libres o más libres.  La libertad consiste en amar.    Para amar es necesario ser libre.   Los seres humanos son  prisioneros  de su  individualismo,  de su preocupación por sí mismos que es   lo que  impide el amor.   Dios es amor porque hace otros libres.  En eso consiste su amor. El es libre y  quiere que los seres humanos sean libres también.

 

            4.   La liberación de los hombres y mujeres

 

             La historia de la humanidad es historia de la libertad.  Pues los seres humanos no nacen libres, nacen dentro de una sociedad de dominación y  explotación.   Hay hombres y mujeres que dominan a otros y les someten a su  voluntad, al servicio de su riqueza, de sus privilegios, de su poder.   Hay una inmensa masa de hombres y mujeres dominados, explotados, excluidos para  que otros puedan dominar y crecer.  Por eso, la historia es una lucha constante y siempre repetida de los poderosos para imponer su dominación a los  dominados, y los dominados luchan  o tratan de luchar para defender su subsistencia, y conquistar algo de libertad.

 

            Todas las religiones ofrecen una imagen de la  humanidad  como algo fijo,  estable, positivo globalmente, inmutable,  creación de Dios.  Querer cambiar es  estar contra Dios.   La religión cristiana ha enseñado eso por lo menos desde el  4° siglo y ya antes.  La religión no acepta otro conflicto que no sea conflicto de  las religiones.  Para  Jesús el conflicto no es de religiones, es el conflicto de dos  clases, los  dominadores y los dominados.   Por eso Michel Henry, filósofo cristiano contemporáneo puede decir  que el primer filósofo cristiano fue Karl  Marx.   Los  filósofos griegos fueron filósofos del ser, del orden del ser, tanto  Platón como  Aristóteles.   En lugar de ser buenos  servidores de la teología, la  apartaron del evangelio.

 

            La dominación personal, grupal, estructural es el pecado que existe desde los orígenes de la humanidad.  No es una obligación, pero todos los seres  humanos contribuyen para mantener esas estructuras de dominación.  Es un  pecado de todos y es el pecado del mundo que tiene tanta fuerza en la  humanidad que los seres humanos no pueden libertarse de esa dominación  del pecado por sí solos.  Son víctimas del pecado y pecan por sumisión al  pecado universal.  Jesús viene a libertar a los seres humanos de la esclavitud  del pecado.   El poder es la gran tentación: en lugar de ser servicio se  transforma en dominación.   Por eso, Dios no manifiesta ningún poder porque  ha  renunciado a todo poder de dominación o imposición.  Jesús está libre del  pecado porque no  domina, no  acepta ninguna  forma de dominación.

 

            5.   El lugar de los pobres en la liberación

 

            Todas las religiones predican que hay que ayudar a los pobres.  La  limosna es sumamente estimada en todas las religiones.  El evangelio dice otra  cosa.

 

            El evangelio se dirige a los pobres porque ellos son los llamados a liberar  a la humanidad.  No dominan y por eso pueden ser libres.  Pueden porque hay  algunos que hacen todo lo posible para poder dominar también.  Pero son  muchos los que no aspiran a dominar y tratan de amar a su prójimo. Son ellos los que constituyen el pueblo con su palabra, su testimonio,  sus acciones colectivas de  voluntad de libertad.  La  liberación de la humanidad no viene desde arriba  hacia abajo, sino  más bien desde abajo hacia arriba.

 

Esta es la locura de Dios de la que habla Pablo.  Dios ha elegido lo más  débil para destruir el poder de los más fuertes.  De los pobres nace la nueva humanidad, de todos los que no quieren dominar y tratan de amar.  Pueden ser  cristianos o no, no importa.  Pueden ser ateos, porque el Espíritu  Santo viene a  todos.

 

            Los pobres encuentran una tremenda  resistencia de los poderosos: pasan por la cruz, pero tienen la promesa de la victoria de la resurrección.

 

            El gran desafío es convencer a los pobres de que tienen la  fuerza del Espíritu para seguir el camino de Jesús  y son capaces de construir un mundo  nuevo, aun sin dinero, sin poder político, sin poder cultural.   Pues los pobres  tienen una conciencia de impotencia, de miedo, de sumisión a los grandes.   La  tarea de los discípulos de Jesús será la de animar y convencer a los pobres  para que tengan la fe.   Pues  la fe no consiste en aceptar una doctrina universal  válida para todos.  Semejante doctrina no mueve a nadie.  Sería solo una  sumisión a un sistema de conceptos.  La fe es creer que yo soy capaz de seguir  el camino  de Jesús y de construir un mundo nuevo por la fuerza del Espíritu a  pesar de toda mi debilidad.  Esa fe es muy difícil por supuesto, pero la mayoría  de los católicos  no tiene fe.   Aceptan todos los dogmas, pero no tienen fe.

 

            Tareas de  la teología

 

            La tarea principal y de cierto modo única es el estudio crítico de toda la  tradición cristiana, para volver al evangelio.  Se trata de redescubrir lo que  realmente fue revelado en la vida y la muerte de Jesús.   No se trata de destruir la religión.  Sería inútil porque los seres humanos necesitan una religión y si se  suprime ella reaparece en otras formas.   El problema consiste en saber todo lo  de la religión que ya no es comprensible ni aceptable en la nueva cultura moderna que entra en todas las religiones.   Habrá que buscar lo que es  realmente comprensible y  significativo y puede ser un revestimiento aceptable  del evangelio.  Veamos los elementos de la religión.

 

            1.   La doctrina o la mitología

 

            Jesús no formuló ninguna doctrina.  Habló por medio de metáforas,  narraciones, parábolas, sentencias, consejos, observaciones sobre la  experiencia del momento.  Ese medio de expresión es popular, es el medio de  los pobres. Si Dios  se expresó en esa forma, no lo hizo por distracción o por  adaptación a un supuesto intelecto inferior de los pobres.   Lo usó porque ese  modo de expresión es menos  riguroso, menos impositivo, menos limitado. Una  doctrina siempre está marcada por una época, una cultura limitada en el tiempo  y el espacio.  El lenguaje metafórico conserva su sentido en medio de muchas  culturas. Carece de la precisión que tienen los conceptos.   Si Dios lo hizo así es  porque  lo escogió como  el medio de expresión mejor posible.  Si ese lenguaje no tiene  la precisión de los  conceptos abstractos es porque Dios no quería esa  precisión.   Las expresiones de Jesús permiten varias interpretaciones y Dios lo  quiso  así.  No quiso que sus  discípulos  fueran prisioneros de una doctrina.

 

            Más tarde la Iglesia  definió  en forma de conceptos muchas veces  sacados de la filosofía griega una doctrina  obligatoria.  Impuso una interpretación  rígida  del evangelio.  Los dogmas han sido siempre una  causa de dudas, problemas, resistencias  porque no todos aceptaban esa disciplina del pensamiento que  Jesús  no había  impuesto.

 

            La tarea de la teología será liberar el evangelio de la rigidez del dogma.   Habrá que examinar críticamente todos los documentos del magisterio.  Desde  Trento los teólogos dieron habitualmente  la interpretación maximalista de los  dogmas.   Necesitamos volver a una interpretación minimalista  ¿qué es lo que el evangelio realmente impone?  Además los dogmas actúan  históricamente  por lo que no dicen.    Los 4 primeros concilios concentran  todo en los conceptos  de persona y naturaleza.   Dejaron de lado la vida humana de Jesús.  Por eso la  vida humana de Jesús dejó de ser durante siglos  motivo de reflexión  de los  cristianos.   Tomás de Kempis pudo escribir un libro sobre la Imitación de Cristo,  sin ninguna alusión a la vida humana de Jesús.  ¿Qué Cristo es ese?   Los  dogmas ocultaron la vida humana de Jesús  durante siglos.  En Trento no se  habló de la fe en sentido bíblico, sino de una fe religiosa que no es cristiana.   La  conclusión  fueron  siglos de incomunicación entre católicos y protestantes, lo  que podía haber sido  evitado.

 

            Los dogmas fueron definidos por Papas u obispos.   Pero ellos no  representan necesariamente todo el pueblo cristiano,  como si el Espíritu no  estuviera también en el pueblo.  Hubo  concilios que dividieron profundamente  y expulsaron de la Iglesia a  sectores inmensos: las Iglesias de Siria, de Egipto y  de todo el Oriente, sin hablar de los protestantes.   Dentro de las asambleas  hubo  disensiones que no eran  herejías.  Por ejemplo en el Vaticano I.   Esto  fragiliza las definiciones.  Todo eso es objeto de la teología.

 

             Por supuesto la misma teología es sospechosa a la luz del evangelio y  tiene que examinarse críticamente para  ver si ayuda a la  comprensión del  evangelio o lo oculta, lo que sucedió muchas veces.  Pues desde Trento la  teología se hizo polémica contra los  protestantes  y los modernos.   Se  puso al  servicio de la jerarquía.  No  es  esa la  tarea de la teología.   Ella sirve para  ayudar al pueblo cristiano a entender mejor lo que  dice el evangelio.  Está al  servicio del pueblo cristiano y no de su jerarquía.

 

            2.   El  culto

 

            En la religión la parte más importante es el culto.  En el  decorrer de los tiempos,  los cristianos han creado un inmenso edificio litúrgico, muy  riguroso, muy  determinado en todos los gestos y todas las palabras.  Los ritos se han  inspirado en el Antiguo Testamento,  en las religiones de los  pueblos  cristianizados.    Se ha llegado a definir que habría 7 sacramentos.  Además hay  una infinidad de bendiciones y demás actos de culto, más popular o más  letrado.  Después del Vaticano II hubo algunos cambios  muy superficiales  porque por lo esencial todo quedó igual.  La consecuencia es que muchos  católicos  han abandonado un culto que ya no significa  nada para ellos.  De  hecho es difícil entender de qué modo  esa liturgia se relaciona con la vida  individual y social  de los tiempos presentes.  La unción de los enfermos poco se  practica.   Poquísimos  todavía  practican el sacramento de penitencia.  Todo tuvo  significado cuando fue introducido en el culto oficial.  Pero muchos ritos se  hicieron incomprensibles.   ¿Cuáles serían los gestos y las palabras que serían significativos para la nueva generación?  En  lugar de buscar lo que exige la  situación actual de la humanidad, hay  grupos importantes  en Roma que  querrían volver al pasado de Trento.    Entonces sería la expulsión definitiva de la  juventud.  Querrían volver al  latín.  ¿ Por qué no al griego o al hebraico?

 

            3.   La organización

 

             Todas las religiones se dan una institución cuyo  elemento básico son  los sacerdotes cuya misión  consiste principalmente en el culto.   La religión  cristiana no podía escapar.  Apareció un clero que - sobre todo  después de  Constantino - se separó  socialmente del pueblo y formó una casta con su sub-cultura propia.  En realidad hasta Trento el  clero creó muchos problemas, pero  Trento logró poner orden y definir el clero que todavía existe hoy.  El sistema es  rigurosamente monárquico.   Todos los poderes están en el Papa y el Papa  delega una parte de ellos a los obispos y éstos a los presbíteros y diáconos.   Los problemas provocados por la situación actual del sistema monárquico y  de la separación entre clero y pueblo,  lo que hace imposible una verdadera  comunidad, son  bien conocidos y no es necesario repetirlos.  Es evidente que el  sistema no funciona.  El rechazo del clero es uno de los motivos fundamentales  del abandono de la Iglesia.  En las otras Iglesias dichas históricas el problema  es igual.

 

            Durante siglos los teólogos  se han dedicado a explicar y justificar todos los  elementos del sistema.  Los tiempos han cambiado.  Todo lo que estaba ligado  a  la cultura tradicional, perdió su sentido y su legitimidad.  La  teología pondrá en  contacto el evangelio y el mundo actual.

 

Ponencia presentada por su autor p. Josè Comblin, en las Jornadas Teològicas Latinoamericanas.  Actualizaciòn de la Teologìa Latinoamericana a la Luz de Aparecida. Santiago-Chile

Octubre de 2009

 

Editor: Enrique A. Orellana F,

           

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13/11/2009 07:58 Autor: altermediamundo. Enlace permanente. Tema: Teología de la Liberación No hay comentarios. Comentar.

Entrevista con el obispo Pedro Casaldáliga

Entrevista con el obispo Pedro Casaldáliga "Pueden quitárnoslo todo menos la fiel esperanza"


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A sus 81 años, el obispo emérito de la diócesis de São Felix do Araguaia es uno de los más destacados representantes de la Teología de la Liberación y se ha convertido en un referente para la izquierda latinoamericana. Desde que hace cuatro décadas llegó a Brasil para quedarse, su trabajo en defensa de los derechos de los pueblos indígenas y de los grupos sociales más oprimidos, así como su apoyo a los movimientos brasileños de campesinos sin tierra y a la revolución sandinista en Nicaragua en los años ochenta, hacen que Pedro Casaldáliga sea parte fundamental de la memoria viva de la lucha por la dignidad y por la liberación de los pueblos en América Latina.

A mediados del pasado mes de agosto, Pedro Casaldáliga recibía a un grupo de activistas sociales del Estado español en su humilde casa de São Felix, en el estado brasileño de Mato Grosso, para reflexionar que "la mundialización nos ha dado la oportunidad de reconocer que somos una sola humanidad. Somos todos iguales, debemos serlo, en dignidad y en oportunidades". Así se daba inicio a una conversación en la que se trató desde la situación política de Brasil hasta las perspectivas actuales de la Teología de la Liberación, pasando por el modelo de consumo o los retos de la izquierda latinoamericana.

Desde la perspectiva que da el llevar ejerciendo muchos años el compromiso con las personas más desfavorecidas del planeta, ¿qué significado tiene para ti hoy la solidaridad?

La pregunta que se hace desde el Primer Mundo es ¿qué podemos hacer nosotros? Pues renunciar, por fin, que ya es mucho pedir, al privilegio de ser Primer Mundo. Renunciar a esta condición excepcional de una mínima parte de la Humanidad, si la comparamos con la inmensa mayoría de todo el Tercer Mundo. Estamos intentando subrayar siempre que la solidaridad ha dejado de ser aquella solidaridad paternalista, de enviar la ropa, los medicamentos, ciertos recursos... Ha de ser una solidaridad que va y que viene, mucho más concreta y mucho más exigente: damos y recibimos, para que también la propia solidaridad, además de alimentar personas y curar enfermedades, facilite y estimule la vivencia de la propia cultura. Porque nosotros ayudamos a personas que tienen una cultura, que no son simplemente un estómago y unas venas, sino que son pueblos. Por eso, hemos de procurar que la solidaridad sea constante, consciente, autocrítica, local y global: de ida y de vuelta.

Cuando te viste con Fidel Castro hace veinte años, él afirmó que "la Teología de la Liberación ayuda a la transformación de América Latina mucho más que millones de libros sobre el marxismo". ¿En que se basa actualmente la Teología de la Liberación?

A día de hoy, hay diferentes teologías de la liberación. Lo que se ha hecho es incorporar más explícitamente temas, sectores de la sociedad, de la vida, que antes no eran tan considerados. Han ido surgiendo las cuestiones asociadas a los indígenas, las mujeres, la ecología, los niños de la calle... Ahora, se trata de una teología enriquecida por las reivindicaciones de esos grupos emergentes y, por eso, la Teología de la Liberación ya es muy plural en sus objetivos, siempre dentro de la reivindicación de la liberación. Cuando pedimos liberación para el pueblo negro, pedimos que pueda sentirse con orgullo negro, y que no le sea privada la cátedra, la función publica, el gobierno, que no haya la segregación que todavía hay. Yes que cuando yo vine a América Latina, hace 41 años, los negros, en su inmensa mayoría, no se reconocían como tales. Incluso, se estiraban el pelo para que no pareciera cabello de negro. Ahora están recuperando su orgullo, su identidad. Algo parecido ha ocurrido con la población indígena. Cuando llegué a Brasil se decía que había 150.000 indios, mientras hoy hay un millón. En esta región, por ejemplo, los indígenas tapirapé reconquistaron su territorio, los karajá han reconquistado asimismo una parte de sus territorios, los xavante también... y todo eso tiene espíritu de Teología de la Liberación.

Una de las críticas que se le hace a la Teología de la Liberación por parte de los conservadores es que se trata de una teología muy materialista, que se preocupa mucho de intereses materiales, de necesidades físicas y olvida el espíritu, la oración. Ante eso, yo reivindicaría tres o cuatro trazos que serían indispensables en la Iglesia de Cristo: el primero, la opción por los pobres; el segundo, conjugar fe y vida; el tercero, la Biblia en manos del pueblo; cuarto, la solidaridad auténticamente fraterna.

¿Qué ha permitido que cuajase en América Latina?

En América Latina, la Teología de la Liberación se desarrolló en un momento muy oportuno: acababa de acontecer el Concilio Vaticano II, en el año 1968 cuando yo llegué aquí- corrían vientos de cambio, tenían lugar las dictaduras militares, con lo que el contexto fue propicio para plantar pie y echarse a la liberación. Además, en América Latina hay una cierta unidad de continente. Es el único continente que puede llamarse la patria grande: Nuestra América, como decían los libertadores. Eso facilitó que surgiese una teología característicamente latinoamericana.

Recuerdo siempre cómo las persecuciones, los exilios, las torturas, los mártires, conjugaron mejor toda la realidad latinoamericana. Aquí en Brasil a veces se sentía que estábamos un poco distantes de la América Latina hispanoparlante: un país demasiado grande, con otro idioma... Pero después de todas esas dictaduras militares, donde se mezclaron los cantos y se mezcló la sangre, América Latina es más ella, y es ella y el Caribe. Eso sí, yo prefiero la expresión Nuestra América, porque los libertadores usaban más esa denominación: Bolívar, Martí, Sandino, Fidel...

En la Agenda Latinoamericana que elaboráis cada año, que sirve de base de trabajo a muchos activistas del continente, en 2009 habéis puesto como título "Hacia un socialismo nuevo". ¿Qué quiere decir esto del socialismo nuevo?

¿Quién lo sabe? (risas) Se podría decir también izquierda, o socialismo, pero en cualquier caso hay unas cuantas exigencias indispensables: primero, no se puede tener como objetivo el lucro; segundo, ha de haber una cierta igualdad, unos niveles bastantes igualitarios, por ejemplo, en los salarios de un ministro y de un campesino; se ha de reivindicar un intercambio de países de igual a igual y, finalmente, no se puede aceptar que el capital se haga el dueño del trabajo, de la economía y de la propia democracia.

Como estamos viendo con el caso de Honduras, ¿pueden volver los tiempos de los golpes de Estado a América Latina?

Quién sabe. Al menos, en Nicaragua y El Salvador, ya no podrá haber nunca lo que hubo: habrá injusticias, habrá situaciones complicadas, pero una revolución bastante popular no se pierde por completo.

Eso sí, el hecho de que un país pueda ser masacrado constantemente y no haya nadie que pueda intervenir en eso, da prueba de que la Humanidad está mal. El socialismo no puede aceptar la idea del colonialismo, del imperialismo. En este sentido, debemos gratitud a Cuba, porque, con todos sus pecados y sus excesos, el hecho de contestar tercamente al imperio es un gran servicio para América Latina y para el mundo. En ese sentido, una política mundializada podría suponer una oportunidad global.

Has venido haciendo también mucho hincapié en el problema del consumismo.

Hasta ahora el consumismo ha sido visto como un exceso de vanidades, que si hay que tener cuarenta pares de zapatos, dos televisiones, etc. Pero esto es mucho más serio: se consumen derechos, se consumen necesidades. Si hay un 20 por ciento de personas y familias que están en la situación de estar bien, que viven en la civilización del bienestar, hay un 80 por ciento que no tiene lo fundamental. El consumismo es capitalista, y todo lo malo que tiene el capitalismo lo tiene el consumismo. Si comparas lo que pasa cuando hay un terremoto en Japón y cuando sucede en Honduras, ves que en un sitio mueren tres personas y en el otro, dos mil. Los países del Primer Mundo se permiten ir haciendo, y detrás de nosotros, dicen, el diluvio. Porque lo primero que se mira no es el mundo, es la propia casa.

Para la agenda del año que viene, proponéis como lema "Salvémonos con el planeta".

Dentro de esta visión de globalidad, descubrí por fin que el planeta es nuestra única casa. Yno hay modo de salvarnos nosotros si no salvamos el planeta. Mejor aún: es bueno recordar que podemos acabar los hombres completamente y el planeta seguirá. Hasta por egoísmo, diríamos, ahora nosotros sólo nos salvamos si es con el planeta.

Se ha creado una conciencia que antes no existía: la Amazonia ha sido prácticamente descubierta, por decirlo así, en los últimos tiempos. Para la Iglesia, no existía la Amazonia. Hubo actitudes de algunos "avanzados", más bien con ideas bucólicas que políticas, que eran definidos como unos quijotes simpáticos pero no pasaban de ahí. Últimamente, con la globalización, diversos técnicos y científicos recuerdan que la cosa va en serio. Y se ha llegado a una postura más política.

Frente a todo ello, ¿qué se puede hacer?

Ha de ser un gran proceso de conversión, un cambio de mentalidad. Mientras que creamos que podemos tener todo lo que queramos, no hay solución. Precisamente porque la situación es global, ha de llegar a todas las bases la propuesta de dar una conciencia crítica sobre la situación real. Cada familia tiene el derecho y el deber de poner un cierto tope: si por un lado el padre está en una ONG de solidaridad y por otro lado el hijo está consumiendo a mansalva, con esa conducta estamos desmoralizando lo que estamos construyendo.

Es bueno que salgan tantas noticias en boletines alternativos, para que nos demos cuenta de lo que está pasando. Como dicen muchos especialistas, no va a haber problemas: ya los hay y llegamos tarde, había que resolver las cosas anteayer. Otros, más esperanzados, dicen que todavía hay tiempo, que aún se pueden resolver los problemas. Sólo que para eso se necesitan políticas oficiales. Es un gesto que una familia tenga un coche en vez de tener tres, pero no resuelve el problema del petróleo.

¿Dónde queda entonces la política?

Solo se puede resolver el problema si hay, de forma simultánea, políticas oficiales y políticas domésticas, grupales, de partidos, asociaciones, ONG. Como se está diciendo mucho ahora, hay que trabajar localmente y globalmente. Hay que dar más valor a la política. Hay que meterse en política, hay que asumir la vocación política. Si no, nos quedamos en cantar canciones de protesta. La política ha sido desmoralizada, ha ido quedando en manos de gente sin conciencia social ni responsabilidad. Tanto los partidos como los sindicatos han supuesto muchas decepciones, pero continúan siendo válidos, aunque ya no son tan hegemónicos porque también hay muchos movimientos sociales y ONG que son muy valiosos.

Las mejores ONG son las muy politizadas: cuidan de ayudar estimulando, ayudar propiciando la acción y la formación. Se debería pedir que las ONG hicieran un examen de conciencia política. Porque están ayudando, sí, pero ¿y estructuralmente? La Iglesia católica siempre ha hecho caridad, pero si no nos metemos con las estructuras, continuaremos con unas que son nefastas.

A un año de las elecciones generales en Brasil, ¿cuál es tu valoración del Gobierno de Lula?

Lula, aunque quisiera, no podría hacer un Brasil socialista. Ahora bien, él podría propiciar muchos gestos que fueran hacia el socialismo: rebajar los salarios de los más ricos y subir el de los más desfavorecidos; facilitar oportunidades a los grupos humanos que no las tenían; poner el trabajo por encima del capital; no entregarse en cuerpo y alma al agronegocio, sino a la agricultura familiar. ¿Se puede exportar? Claro que sí, pero no dando prioridad a lo que no es prioritario. Su lema del mandato ha sido: que todos los brasileños coman una vez por día. Eso es un paso de proto- socialimo, qué menos que eso, ¿no? Pero, así con todo, hay millones que no comen cada día. Y qué jefe de Estado ha tenido la popularidad del 80 por ciento que ahora tiene Lula.

¿Cómo valoras el papel de los movimientos antiglobalización, los encuentros del Foro Social Mundial y las organizaciones que defienden que "otro mundo es posible"?

Esa conciencia mundializada nos ayuda a comprender que debemos transformar el mundo. No vale con cuidar solo la propia casa y el propio país. La utopía se hace así más posible, porque ya es una utopía con visión política, de solidaridad, con actitudes concretas. Años atrás, ¿quién podría pedir un gobierno mundial? Hoy, hablar de ello ya no es tan utópico. La utopía es hija de la esperanza. Yla esperanza es el ADN de la raza humana. Pueden quitárnoslo todo menos la fiel esperanza, como digo en un poema. Ahora bien, ha de ser una esperanza creíble, activa, justificable y que actúa. Por eso la Teología de la Liberación ha insistido tanto en la praxis: si decimos que Dios es amor hay que practicarlo; si es vida, hay que potenciar la vida. La religión no es praxis, nos decían, es fe. Pero la fe sin praxis es una quimera, y también un sarcasmo. Teóricamente, la cosa está clara; ahora, en la práctica, vamos a ver…


Pedro Ramiro es investigador del Observatorio de Multinacionales en América Latina (OMAL) - Paz con Dignidad; María González Reyes y Luis González Reyes son miembros de Ecologistas en Acción. Esta entrevista ha sido publicada en el nº 39 de la Revista Pueblos, septiembre de 2009.

Para Superar La Teología Capitalista

 

EE.UU. - La teología capitalista del dedo malo

mucho más serio que el crimen de la calle lo sigue siendo el crimen corporativo de las instituciones del "orden"
P. Luis Barrios * 
www.kaosenlared.net/noticia/ee.uu-teologia-capitalista

 

Se está demostrando a diario que la religión no es necesariamente sinónimo de alienación y que en todas las religiones hay siempre grupos crecientes de personas que en el nombre de la fe pretenden la conquista de la situación infra-humana creada por la miseria y la situación deshumanizante que produce el exceso de confort y el egoísmo.
[Obispo Helder Camara (El Obispo Rojo)]

Las personas que en este momento socio-histórico están mirando, o llegando, a la Iglesia (o Iglesia) como experiencia de liberación, lo hacen en un momento en que nuestra sociedad cada vez mas sigue siendo una con mucha incertidumbre y desequilibrio social, político, económico y espiritual.

Esta sociedad con pocas esperanzas en un futuro inmediato exige a la Iglesia -y a otras instituciones políticas, económicas, sociales, judiciales, laborales, estudiantiles, etc.- a que se enfrente a las injusticias e inmoralidades de nuestros tiempos de una manera relevante y reverente. Esta exigencia por desgracia ha caído en oídos sordos cuando analizamos la práctica de fe de la Iglesia.

De aquí entonces la necesidad de que la Iglesia reevalúe constantemente su visión, misión y acción hacia la sociedad contemporánea que le cobija. Desenmascarar -con la intención de denunciar y cambiar- las mentiras de este sistema capitalista me parece a mí es el reto principal que se le enfrenta a la Iglesia. Por desgracia nos hemos entretenido en buscar la mejor manera de acomodar la práctica del Evangelio subversivo del hermano y compañero Jesús, por un evangelio deformado que coquetea místicamente con la clase dominante y gobernante del país. Esto con la intención de por un lado no ofender a quienes están oprimiendo y explotando al pueblo, y por otro lado, no poner en apuro los privilegios económicos y sociales que esos grupos nos dan. De aquí el que ante la crucifixión diaria del pueblo, el credo del silencio de un Cristianismo prostituido, es la respuesta de muchas de las Iglesias y de muchos líderes religiosos/as.

No hay la menor duda que la práctica de la justicia en la Biblia es sinónimo de liberación. Cuando se le ofrece a una persona (a un pueblo) su liberación en todos sus aspectos -social, política, económica, sexual, espiritual, etc.- se le otorga su salvación. Por lo tanto, una Iglesia que desee salvar al pueblo debe de principiarse en el éxodo piadoso de producir justicia (lea cuidadosamente los capítulos 12 al 14 del libro de Éxodos). Es esta salvación holística la que nos permite construir y sentir la experiencia liberadora de Dios horizontalmente y aquí en la tierra. A la misma vez, esta experiencia redefine diariamente los símbolos de liberación del Éxodo como lo son la Pascua, los retos del Mar Rojo, la Ley que se les dio en El Sinaí y El Tabernáculo como morada de nuestra Diosa. Este paradigma de liberación tiene una capacidad increíble de apertura hacia la diversidad y la inclusión y celebración de la misma. Una Iglesia que no tenga esta capacidad de liberación, es un opio más que solo persigue hipnotizar y distraer al pueblo. Es una Iglesia deshonesta que ha traicionado el proyecto de liberación de nuestra Diosa.

Yo soy fiel creyente que es posible educar a un pueblo para esta liberación. Fue a este proceso que nuestro San Romero respondió cuando nos sigue diciendo: lo primero que debe buscar una educación es encarnar al ser humano en la realidad, saberla analizar, ser críticos de su realidad (Homilía 30 de abril de 1978, IV, p.194). Por lo tanto, nunca tengamos miedo de poner al pueblo de frente a las realidades opresoras y excluyentes, dejándoles ver que nuestra Diosa no es responsable de estos males. Vamos a enseñarle que la pobreza es el resultado de una distribución errónea de la creación, en donde unas pocas gentes cogieron mucho y el resto de la mayoría de la gente cogió poco.

Por desgracia, dentro de su irreverencia e irrelevancia, la Iglesia ha querido dar respuestas irrespetuosas a las crisis del diario vivir diciéndonos que estamos mal, o seguimos mal, porque al dedo malo todo se le pega. Esta teología capitalista del dedo malo pone todo su énfasis en dos fundamentos dogmáticos sumamente peligrosos: 1) el esfuerzo individual y 2) la bendición por parte de Dios para que seas parte de la abundancia. Los valores del egoísmo, individualismo y la competencia alimentan a estos dos fundamentos. Y por supuesto, queda muy bien acomodada para una Iglesia para quienes militan en la derecha.

La falta de esfuerzo personal y el que Dios no te está bendiciendo -nos dicen quienes promueven esta teología- son las razones por las cuales tenemos pobreza y desigualdad en nuestra sociedad. Por lo tanto, buscar respuesta donde podamos tener explicación a la pobreza, opresión, exclusión y a la desigualdad en el contexto de la globalización neoliberal es eludido. Y muy atrevidamente se trae a nuestra Diosa al medio de este meollo de la crisis para así de esta manera buscar la fiebre en la sábana sin tener que lidiar con un enfermo agónico y desahuciado al cual conocemos como capitalismo.

Ahora bien, ¿cuáles son algunas de estas crisis a las cuales la Iglesia tiene el deber moral de responder con una praxis liberadora? Aquí en Estados Unidos nuestra democracia hace rato entró en un ciclo crítico y créame cuando les digo que nuestra Diosa no es responsable de este disparate. Por un lado los salarios de la gente trabajadora no están a la par con el nivel de vida. Por el contrario, se siguen aprobando dizque salarios mínimos cuando lo que se debería de aprobar son salarios de sobrevivencia que respondan a la realidad del costo de vida. Mientras tanto cada día que pasa se reporta que las ganancias económicas de las corporaciones siguen engrandeciéndose.

O sea que la disparidad entre personas ricas y pobres cada año es mucho más grande. Dentro de esta realidad entonces podemos identificar otros entornos como lo son los 40 a 44 millones de personas que son analfabetas funcionales y el 16% de la población, o sea, unas 46.6 millones de personas, que no tienen seguro médico. Súmele a esta escenario que entre el 17.6% y el 22.4% de nuestros/as niños/as viven en la pobreza.

Mientras tanto, mucho más serio que el crimen de la calle lo sigue siendo el crimen corporativo que las institucionales del "orden" y judiciales siguen ignorando. Anualmente aquí en Estados Unidos unas 56,000 personas mueren como consecuencia de enfermedades relacionadas con su trabajo tales como el cáncer en los pulmones y el haber sido expuesto al asbesto. Además miles de personas asimismo mueren como víctimas de la violencia silenciosa de la contaminación ambiental, alimentos contaminados y mala práctica médica.

Para principios del siglo 20 el 80% de los medios de comunicación escritos eran independientes, pero para el 1989, la realidad se cambio y el 80% de estos medios fueron adquiridos por corporaciones.

Una pastoral que haga sentido a las luchas del pueblo aquí en Estados Unidos debe asimismo tener la capacidad de retar nuestros centros de adoración para que se conviertan en ciudades refugio para el pueblo inmigrante. Esta a mi juicio es una manera de resistir la xenofobia que se ha desatado como parte de la agenda de exclusión de quienes están en el poder. Por lo tanto un proyecto de acompañamiento pastoral de declarar que no hay seres humanos ilegales debe demandar una amnistía general y un paro a las deportaciones.

Este septiembre del corriente año el Grupo de los 20 realizará su cumbre aquí en Estados Unidos en la ciudad de Baltimore. Este G-20 es un grupo de países formado en 1999 por los ocho países más industrializados (G-8-Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón, Reino Unido y Rusia), y o­nce países recientemente industrializados de todas las regiones del mundo (Arabia Saudita, Argentina, Australia, Brasil, China, India, Indonesia, México, República de Corea, Sudáfrica y Turquía) y un representante de la Unión Europea. La agenda será la misma que siempre han ejecutado: discutir sobre asuntos financieros fuera del contexto de la responsabilidad de inversión social; resolver las crisis económicas jodiendo al pueblo; y validando una especie de dictadura económica. Ahora bien, ¿cuál será el papel que la llamada Iglesia de Dios va a jugar en todo este proceso de condenar esta institución y a la misma vez salir a las calles para combatirla? Eso está por verse.

Por lo tanto, ¿qué tal si nos dejamos de acomodar y prostituir la práctica del Evangelio de identificar, denunciar y combatir el pecado social, y nos ponemos a construir Iglesia relevantes y reverentes que acompañen al pueblo hacia su liberación? ¿Qué tal si declaráramos a todo el mundo que la práctica de este Evangelio subversivo es anticapitalista? ¿Qué tal si nuestras Iglesias se convierten en centros espirituales de conspiración contra todo lo que atenta contra la creación de Dios? ¿Qué tal si practicamos la oración emancipadora pragmática con pensamientos, acciones y emociones que nos reconecten con las luchas del pueblo? ¿Qué tal si en el contexto de la paz con justicia edificamos el amor solidario como el sacramento más importante para desmantelar la teología capitalista del dedo malo? Vamos a darle religión liberadora al pueblo para que despierte, se empodere y se movilice hacia su liberación.

[Nuestros agradecimientos a p. Luis Barrios por sus constantes artículos que nos envìa: Movimiento Tambièn Somos Iglesia, Chile (tambiensomosiglesiachile@yahoo.com) y Movimiento Teología de la Liberación, Chile (opcion_porlospobres_chile@yahoo.com)]

* Iglesia de Santa María, New York

http://www.adital.com.br/site/noticia.asp?lang=ES&cod=40763

 
30/08/2009 21:18 Autor: altermediamundo. Enlace permanente. Tema: Teología de la Liberación No hay comentarios. Comentar.


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