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Las Tres Tendencias Transformadoras en América Latina Vistas en 2009
En los últimos meses se constata una nota de mayor inquietud en los artículos que diversos analistas de la izquierda i , que se ocupan habitualmente del proceso político en desarrollo en América Latina, realizan sobre la situación y previsible futuro de las experiencias de reformismo radical que diversos gobiernos de izquierda ii impulsan en esa región.
En general son tres conjuntos de datos los que parecen llevar a esa preocupación. El primero sería el sesgo militarista que ha tomado la oposición que a esas experiencias oponen el imperialismo norteamericano y las oligarquías locales, y cuya escalada ha dado un salto cualitativo con el acuerdo por establecer siete nuevas bases de EEUU en territorio colombiano y el golpe de Estado hondureño iii . El segundo sería la situación de impasse en que han entrado estas experiencias transformadoras, dando la impresión de que han llegado a un límite que dudan en sobrepasar. El tercero sería el peligro de reversión electoral en algunos de los países de la región, con un regreso al gobierno de opciones políticas derechistas, que añadirían aún más dificultades tanto a las diversas medidas de integración latinoamericanas como al resto de los gobiernos de izquierda que subsistiesen.
La profundización de la primera tendencia llevaría a un escenario de conflictos internos en algunos países e incluso interestatales con consecuencias imprevisibles de evaluar, se trataría, por supuesto, del escenario más inestable e incontrolable, pudiendo producir graves derrotas del movimiento popular, pero sin descartar tampoco que dicha situación, abierta a su pesar, le ofrezca oportunidades de avance. Los retos que plantean este escenario a los movimientos populares y las organizaciones de izquierda son los retos estratégicos de enfrentamiento abierto a las fuerzas contrarrevolucionarias. A algunas de estas situaciones ya se han enfrentado las experiencias en marcha en América Latina con éxito hasta el momento. Los dos casos más dramáticos fueron el golpe militar contra Hugo Chávez en 2002 y el intento insurrección de los sectores contrarrevolucionarios en septiembre de 2008 en Bolivia. Si la derrota del primero se debió fundamentalmente a la respuesta en gran medida espontánea de los sectores populares, en el segundo caso se trató de una estrategia más elaborada de enfrentar y derrotar la creciente amenaza insurrecional reaccionaria. No obstante, y dada la vía elegida para avanzar en el proceso – de transformación institucional sin ruptura – estas victorias no se convirtieron en definitivas como solía ocurrir en las experiencias revolucionarias del siglo XX. Porque como correctamente señala Nils Castro, “ al cabo es claro que ninguno de esos ejemplos ha dado lugar a una revolución en el sentido clásico del término. Ninguno involucró la toma de la totalidad del poder del estado por una fuerza capaz de fundar una nueva formación histórica en reemplazo del capitalismo. Entendido que no es lo mismo llegar al gobierno que tomar el poder, todos esos procesos se resolvieron en cambios de gobierno institucionalmente obtenidos y reconocidos por medios electorales, más o menos en el marco de las restricciones o limitaciones características del sistema político preexistente”iv
El acuerdo para establecer siete nuevas bases norteamericanas en Colombia y el golpe llevado a cabo en Honduras abren nuevas variantes en el intento de cortar violentamente las experiencias latinoamericanas en marcha. Las dos variantes anteriores fracasaron estrepitosamente y en estos momentos las fuerzas de la oligarquía local y el imperialismo ensayan la variante hondureña. Como señala Javier Biardau, “Actualmente se ensayan golpes preventivos para desplazar a gobiernos reformistas antes de que se radicalicen, sin la intención de reimplantar dictaduras clásicas de mediano plazo. Se busca así una restauración conservadora bajo un aparente respeto del marco constitucional. El ensayo hondureño es una prueba crucial para el imperialismo norteamericano con el fin de calibrar las respuestas de los gobiernos y pueblos del continente latinoamericano, y para determinar las condiciones que permiten sostener a un generalato reaccionario como factor de estabilidad política e institucional.”v. La carta colombiana se mantiene como amenaza latente y, es posible que, como alternativa última si fracasan el resto. Pero sus las graves consecuencias se hacen ya presentes como denuncia Raúl Zibechi, “Una de las peores consecuencias de la ofensiva de Estados Unidos en la región sudamericana es que la desvía de los objetivos que se había trazado: integración y creciente autonomía a través de un banco, una moneda y un consejo de defensa regionales”vi
La confirmación de la tercera de las tendencias abriría el debate de si realmente, como indicaba Petras, estaríamos al final de unos de los varios ciclos por los que ha atravesado América Latina en las últimas décadas. De confirmarse, se estaría abriendo un nuevo ciclo de gobiernos derechistas que reverterían gran parte de los avances alcanzados en estos últimos años por los movimientos populares, frustrando por la vía electoral las actuales experiencias de la izquierda. Este autor no se muestra muy optimista, “ La cuestión básica de si los actuales gobiernos del socialismo del siglo XXI son peldaños hacia la socialización o simplemente gobiernos transitorios que abren camino para la restauración neoliberal pro estadounidense en la región, sigue estando abierta a discusión aun cuando se están acumulando pruebas de que el resultado citado en último lugar es más probable que el primero.”vii
Pero es la segunda tendencia la que hace referencia a los problemas más de fondo a los que se enfrentan las actuales experiencias. No hay duda de que han cubierto un trecho importante en el camino de mejorar las condiciones de vida de los más desfavorecidos, en la apertura de espacios de participación política de amplias mayorías, en la recuperación de las riquezas nacionales y en la obtención de mayor espacio de autonomía frente al imperialismo y las grandes multinacionales. Pero como recordaba en su artículo James Petras, “ a pesar de las afirmaciones de los publicistas gubernamentales, el aspecto más llamativo de los gobiernos del socialismo del siglo XXI es lo escasamente nuevo o específico de sus políticas. La adopción de una economía mixta y un juego político acorde a las normas institucionales de un estado capitalista liberal, difiere poco de las prácticas de los partidos socialdemócratas europeos de fines de la década de 1940 hasta mediados de 1970”viii
Las críticas de una parte importante de los analistas de la izquierda a las experiencias actuales inciden en que aún no han producido, en ningún caso, una ruptura con el capitalismo. En el caso del artículo de Javier Biardeau su diagnostico es claro y llega a señalar que “ la expansión de las nacionalizaciones que caracteriza al proceso bolivariano -no sólo en el área petrolera, sino también en telefonía, electricidad o agua así como la anulación de la autonomía del banco central podrían llegar a ser funcionales a este proceso de reorganización de la acumulación de fracciones capitalistas”ix.
En el artículo citado de Petras, este autor hace una comparación en materia de realizaciones entre los distintos modelos de socialismo del siglo XX con los países que adscribe al socialismo del siglo XXI para poner en evidencia la distancia que les separa, con gran ventaja para los primeros. Pero, aún siendo de gran interés esta comparación, en lo que no se detiene dicho artículo es justamente en las diferencias existentes en las coyunturas históricas, en los proyectos emancipatorios, en las bases sociales que los sustentaban, en los niveles organizacionales alcanzados, etc. Porque sospechamos que es en este conjunto de factores donde se encuentra la respuesta al hecho de que después de varios años estas experiencias no superen el marco del capitalismo, ni tengan aparentemente una estrategia clara sobre el camino a seguir a partir del punto donde se encuentran hoy.
Emir Sader se inclina por una respuesta orientada en esta dirección, “ ¿por qué no ha emergido un desafío en toda regla al capitalismo? La respuesta debe buscarse en el equilibrio global de fuerzas tras la victoria de occidente en la guerra fría. Los factores subjetivos -formas de organización colectiva y de conciencia, de la política y del estado necesarios para la construcción de alternativas han sido descabalados en el curso de estos mismos procesos”.
A partir de esta premisa, Sader señala cual es el objetivo realista que se pueden plantear los actuales procesos en marcha, “Las estrategias contraneoliberales -en la única forma posible que pueden asumir, dado el equilibrio de poder a escala global, regional y nacional implican una lucha prolongada por la hegemonía: ni una alianza desigual con los sectores burgueses dominantes (la estrategia reformista), ni la aniquilación del enemigo (lapremisa de la lucha armada). Por el contrario, estas estrategias suponen replantear la lucha por la hegemonía en términos de conquista del poder.”
Y añade un aviso claro a quienes consideran que dichas experiencias son demasiado moderadas y necesitan avanzar más decididamente al socialismo, “Las únicas alternativas a los gobiernos progresistas ahora en el poder en América Latina, incluidos los más moderados, radican a la derecha de los mismos: la izquierda, dada su situación actual, no presenta en ninguna parte un nivel lo suficientemente alto de fuerza o de apoyo, o un discurso alternativo suficientemente claro.” x
Frente a este tipo de análisis que encuentra dificultades objetivas y subjetivas para plantearse metas mucho más ambiciosas orientadas al socialismo, hay otro tipo de discurso que sitúa el peligro de que las actuales experiencias malogren justamente por la situación de impasse en que se encuentran. Es el núcleo de la denuncia de Javier Biardeau, para quién “Los proyectos de capitalismo de estado están a la orden del día, y puede arrastrar a una verdadera oleada de frustración popular. Sin claridad alguna sobre la reinvención de un proyecto socialista, democrático y revolucionario, la presión dominante es un nuevo ensayo de capitalismo regulado, maquillado por un costoso aparato propagandístico de “socialismo bolivariano del siglo XXI”. Esto genera descontento, desconcierto y desencanto (las 3d de la derrota).”
Y precisamente por estas razones crítica a las posiciones como las que representa Emir Sader, “Algunos teóricos de izquierda aprueban el rumbo neodesarrollista, presentándolo como un paso intermedio al socialismo. Pero olvidan que la estabilización de ese curso bloqueará cualquier evolución anticapitalista. El etapismo implícito genera una extraña mezcla de capitalismo de estado aliado a nuevos grupos económicos de poder.” xi
Lo novedoso en las actuales experiencias en América Latina
Con todo lo especifico que tenga la situación actual en América Latina, como todo el mundo sabe el debate no es nuevo, se ha repetido muchas veces a lo largo de la historia del movimiento socialista, y por ello mismo vuelven a aparecer argumentos y enfrentamientos ya conocidos aunque se refieran a una situación diferente de otras del pasado. En este sentido podemos situar en tres diferentes elementos lo más novedoso del proceso actual :
El primero es el hecho de que a diferencia del ciclo inaugurado con la revolución rusa, en que con la excepción de la efímera Comuna de París, no existían antecedentes de la puesta en práctica del proyecto socialista, actualmente toda una serie de ensayos de revolución, de revoluciones triunfantes, y de fracasos de esas revoluciones, aportan toda una serie de lecciones sobre las que reflexionar. Los antecedentes se encuentran en todas las partes del mundo, incluida la propia América Latina que ha visto desarrollarse en su seno revoluciones como la mexicana, la boliviana, la chilena, la sandinista o la cubana, por no citar más que los casos con mayor impacto. Aunque permanecieron los efectos en algunas de estas revoluciones, solo se consolidó y consiguió sobrevivir, incluso a la debacle del socialismo real, la revolución cubana, pero experimentando graves dificultades originadas en el entorno exterior (bloqueo norteamericano, hundimiento comunismo eurosoviético) y en el propio desarrollo de la revolución.
Las actuales experiencias en desarrollo, sobretodo en Venezuela, Bolivia y Ecuador, tienen unas características muy peculiares. En el orden estratégico - de avance sin ruptura brusca con la institucionalidad burguesa heredada - el único ejemplo histórico claro en el que apoyarse fue en el de la corta existencia del gobierno de la UP en Chile, razón por la que ya hice un intento de comparación entre ésta y la de Venezuela.xii Tanto en Venezuela como en Bolivia se produjeron momentos determinantes, como el golpe de Estado en la primera y el golpismo cívico-prefectural en septiembre de 2008 en la segunda, que podrían haber servido de punto de ruptura para iniciar una estrategia de mayor profundización del socialismo siguiendo versiones clásicas de las revoluciones socialistas, sin ir más lejos, de la cubana. Pero optaron por mantener la estrategia de evitar las rupturas bruscas con la institucionalidad heredada y fundar una nueva legitimidad, en su lugar se persistió en las reformas institucionales profundas no rupturistas a través del mecanismo fundamental de implementar nuevas Constituciones, complementadas con los intentos por alcanzar mayores niveles de integración política y económica en América Latina. Si en el primer aspecto evitaban el fantasma del enfrentamiento civil abierto – objetivo que ha buscado claramente la derecha en Venezuela y Bolivia – o el recurso a un régimen autoritario capaz de imponer una nueva orientación más radicalmente socialista; con los procesos de integración puestos en marcha se busca - además de conseguir un mayor margen de autonomía e independencia para diseñar su futuro liberados del imperialismo - la protección frente a las tentaciones intervencionistas en el plano militar del imperialismo, bien directamente o a través de actores nacionales latinoamericanos como está siendo demostrado con Colombia, primero en su intervención contra Ecuador, y ahora como territorio de asentamiento militar norteamericano; pero también otros tipos de intervencionismos como el económico vía FMI, BM, etc.
No obstante, también sabemos cual es el lado negativo evidente de la historia del movimiento socialista en el siglo XX: los fracasos de las revoluciones triunfantes más representativas, que, en el peor de los casos, proyectan una larga sombra de duda sobre la posibilidad de culminar el proyecto socialista, y en el más favorable, alertan sobre las enormes dificultades para alcanzarlo.
Pero, además, no está claro que se disponga de una teoría depurada capaz de utilizar los datos derivados de esas experiencias antecesoras para extraer las necesarias lecciones. El problema en este sentido es que el marxismo, entendido como el cuerpo de doctrina más elaborado desde la izquierda fruto de múltiples aportaciones a la contribución original de Marx, ha mostrado importantes errores, carencias y controversias a lo largo de su historia, y también una falta de adecuación a los cambios sociales de los últimos decenios, de lo se desprende que resulta difícil en estos momentos saber cual es la parte que sigue siendo válida como instrumento de análisis, cual es exactamente la parte desechable y cual debe ser complementada con nuevas aportaciones. Lo que si es claro es la necesidad de es brújula teórica que sirva para interpretar la realidad con el máximo de fiabilidad, porque en caso contrario los errores y fracasos están garantizados, no solamente en los pronósticos - nada importante si solo se quedan en eso, pronósticos - sino en las acciones sociales y políticas que se guíen por ellos, lo cual puede acarrear consecuencias dramáticas.
Boaventura de Sousa Santos expresa este problema de manera brillante, “ En los últimos cincuenta años se ha ensanchado la brecha entre teoría de izquierda y práctica de izquierda, con consecuencias muy específicas para el marxismo. En tanto la teoría de izquierda crítica se desarrolló, principalmente, a partir de mediados del siglo XIX, en cinco países del Norte global (Alemania, Inglaterra, Italia, Francia y los Estados Unidos), y tomando en cuenta particularmente las realidades de las sociedades de los países capitalistas desarrollados, las prácticas de izquierda más creativas ocurrieron en el Sur global y fueron protagonizadas por clases o grupos sociales «invisibles», o seminvisibles para la teoría crítica y hasta para el marxismo, tales como pueblos colonizados, pueblos indígenas, campesinos, mujeres, afrodescendientes, etc. Se creó así una brecha entre teoría y práctica que domina nuestra condición teórico-política de hoy: una teoría semiciega que corre paralela a una práctica seminvisible. ” xiii
En consecuencia, éste no es un problema exclusivo de los proyectos de la izquierda latinoamericana actual, de los intelectuales y organizaciones de izquierda en general de esa región; el problema de no disponer de un análisis que goce de amplia aceptación en la izquierda sobre el significado, en sentido amplio, de las experiencias del siglo XX y las lecciones a extraer para el futuro atañe a toda la izquierda en general.
Este tema nos engarza con el siguiente, tal como lo expone Roberto Ramírez, al discutir sobre “ el carácter social de los estados que se decían “socialistas”, y especialmente la naturaleza de las revoluciones de posguerra que expropiaron al capitalismo (como las de China y Cuba)”, ya que como expone este autor, “Esto se relaciona a su vez con otro tema teórico y de balance histórico, pero también de inmensa importancia práctica, porque tiene que ver con la estrategia para el relanzamiento de la lucha por el socialismo en el siglo XXI: ¿en qué medida otros sujetos sociales y políticos pueden sustituir a la clase obrera y trabajadora en la revolución socialista? ¿hasta dónde es eso posible? El problema del “sustituismo” se planteó con toda su fuerza ante la realidad de procesos como el de China, y luego Cuba, en los que no era el proletariado, ni social ni políticamente, el sujeto de revoluciones que expropiaban el capitalismo y que además se reclamaban socialistas. Esto parecía desmentir la concepción originaria de Marx que establecía relaciones unívocas entre clase obrera, revolución obrera, dictadura del proletariado y socialismo.”xiv
El segundo elemento de novedad es, efectivamente, el sujeto que está protagonizando las experiencias en curso en América Latina. No es que el sujeto actual no sea el proletariado industrial, porque en el siglo XX el protagonismo hegemónico del proletariado en las revoluciones fue más la excepción que la regla. Lo novedoso es que, incluso en aquellas condiciones, seguía apelándose a la dirección proletaria de la revolución, y en ausencia del proletariado, éste aparecía representado por la organización dirigente de la revolución, fuese un partido comunista u otro tipo de organización. Ello era congruente dentro de una teoría y un discurso que hacía de la clase trabajadora el sujeto hegemónico de la revolución socialista. Pero actualmente, en las experiencias latinoamericanas la clase trabajadora ha dejado de ser el sujeto práctico y teórico que dirige la revolución. Su lugar ha sido ocupado por una mezcla de pueblos indígenas, pobladores marginales de las ciudades, etc. En las tesis de Zibechi, “Los procesos profundos y verdaderos nacen de y en las periferias, nunca en el centro del sistema, tanto a escala planetaria como en cada país. Así como en los años 60 fueron los obreros no calificados, las mujeres y los jóvenes la fuerza motriz de las luchas, en América Latina en el periodo neoliberal fueron los sin (sin derechos, sin tierra, sin trabajo, etcétera) los que estuvieron a la cabeza de la deslegitimación del modelo. En el lenguaje de Marx, los que no tienen nada que perder.”xv
Isabel Rauber explica en que consiste este nuevo sujeto de las que denomina revoluciones desde abajo para diferenciarlas de las revoluciones socialistas desde arriba del siglo XX, “ El sujeto del cambio, el sujeto revolucionario, no existe como tal a priori, es decir, previo a la experiencia. Es en las resistencias y luchas sociales, en la construcción de alternativas sectoriales e intersectoriales, coyunturales y estratégicas, que los diversos actores van desarrollando su conciencia política y avanzando hacia formas complejas de organización y articulación, es decir, hacia la constitución (auto-constitución) del actor colectivo, fuerza social y política creadora, impulsora y realizadora de los cambios.
Se trata de un sujeto plural, de un colectivo de actores sociales y políticos diversos, que se van articulando en uno y constituyéndose en actor colectivo sobre la base de compartir la orientación estratégica, virtual imán que atrae y fracciona -con modos y por caminos disímiles- a las resistencias, luchas y propuestas alternativas de cambio . ”xvi
Pero ello implica, explicita o implícitamente, un proyecto emancipatorio diferente que no ha terminado de ser elaborado. Cosa que el propio Zibechi justifica en los siguientes términos, “ Los dominados no actúan de modo simétrico a los dominadores, y por eso no formulan racionalmente un proyecto para luego intentar hacerlo realidad. Como los pobladores chilenos a la hora de construir su campamento – no dibujan planos sino que al habitar generan el espacio habitado – , los sectores populares de nuestro continente van creando su proyecto histórico a medida que lo van recorriendo-viviendo. No hay un plan previo y quien no comprenda esto no puede comprender mucho de la realidad de nuestros pueblos . ”xvii
No es que otros autores no compartan la visión analítica de los autores de esta corriente interpretativa en la apreciación de los hechos históricos, lo que no comparten son sus apreciaciones en contra de la necesidad de un proyecto histórico explícito, de la coordinación y organización, o su desconfianza en los gobiernos progresistas de la región.
Porque las interpretaciones anteriores se encuentran muy alejadas de la posición ortodoxa en el marxismo, como lo expresa, por ejemplo, Roberto Sáenz, para quién, “En la posguerra se desarrollaron revoluciones democrático-nacionales, antiimperialistas y anticapitalistas, pero ninguna propiamente socialista, como sí había ocurrido luego de la primera guerra mundial. Porque, una vez más, reiteramos que sin la clase obrera al frente del proceso con sus propios métodos de lucha, conciencia y organización, no hay revolución socialista. La revolución socialista no puede consumarse como producto de las “circunstancias objetivas”, de las “tareas” que supuestamente cumplen, sin importar que la clase trabajadora como tal no tenga arte ni parte en ella ni la manera en que se cumplen esas tareas. En el caso de la revolución propiamente socialista, existe necesariamente una relación dialéctica entre las tareas, el sujeto y los métodos mediante los cuales aquéllas se llevan adelante. Esta dialéctica en suma, estamos en presencia de una completa revisión objetivista de la teoría de la revolución”xviii
Claudio Katz, por su parte, añade una explicación que podrimos considerar intermediaria entre las dos anteriores, y plantea respecto a la diversidad de sujetos revolucionarios en América Latina que, “los actores de una transformación socialista son las víctimas de la dominación capitalista, pero los sujetos específicos de este proceso en América Latina son muy diversos” y continúa diciendo que “con miradas idealizadas de la clase obrera industrial -como único artífice del socialismo siempre habrá dificultades para concebir un planteo anticapitalista en la periferia. La socialización de las tradiciones de lucha es más importante para un proceso anticapitalista que la jerarquía de los sujetos participantes. Si las experiencias de resistencia son compartidas, la potencialidad de un cambio revolucionario se acrecienta”. Su conclusión frente a este problema es la de que , “El problema del sujeto ausente tiende a generar debates estériles. Encontrar caminos para garantizar la unidad de los oprimidos y explotados es mucho más importante que dirimir cuál de ellos tendría mayor protagonismo en un salto al socialismo.”xix
El tercer elemento que diferencia a la inmensa mayoría de las experiencias revolucionarias desarrolladas en el siglo XX de las actuales en América Latina es el factor organizativo. La gran mayoría del movimiento obrero y socialista actuó desde el último cuarto del siglo XIX, cuando la socialdemocracia alemana apareció como el modelo exitoso a seguir, a través de organizaciones de carácter político y altamente centralizadas, bien para la lucha electoral, como estableció el modelo socialdemócrata alemán, bien para la lucha clandestina e insurreccional, como estableció el modelo bolchevique. Solo las tendencias anarquistas, anarcosindicalistas y sindicalistas revolucionarias supusieron una ruptura minoritaria a estas dos variantes del modelo principal, que prácticamente dejaron de contar en la práctica con la derrota de la última gran organización anarcosindicalista en la guerra civil española.
Pero si las actuales experiencias en América Latina no se sitúan en las coordenadas organizativas del modelo principal del siglo XX, y no han sido partidos de carácter socialista centralizados los que las han impulsado y sostenido, sin embargo, hay un punto en el que si coinciden, a pesar de esta disimilitud de modelo organizativo, y éste punto es el terreno elegido para impulsar los cambios políticos y sociales, el terreno estatal. El modelo clásico estableció dos estrategias en este sentido, la toma insurreccional del control del Estado para solucionar el problema del poder de un golpe e iniciar las transformaciones de su programa; o la actuación en las instituciones del Estado burgués (gobierno, parlamento, municipios, etc.) para alcanzar reformas (el ejemplo de la socialdemocracia europea) o impulsar transformaciones profundas hacia el socialismo (el ejemplo de la UP chilena).
Actualmente en América Latina se pueden destacar dos momentos diferentes, el primero fue el de la furia de los distintos movimientos en el campo y en la ciudad que arrasaron con los principales gobiernos neoliberales de la región, el segundo el de los gobiernos progresistas que sucedieron a aquellos, consecuencia directa, a veces, de aquella vigorosa movilización social. Vistos por algunos como el instrumento para alcanzar los objetivos de los movimientos, y vistos por otros como opuestos a sus objetivos antisistémicos, “los nuevos gobiernos progresistas y de izquierdas y sus renovadas artes de gobernar, son parte de esa adaptación de las instituciones estatales a la nueva situación de insubordinación generalizada de los de abajo”xx
No es descartable que en algunos de los países latinoamericanos que aún no tienen gobiernos progresistas, como Perú por ejemplo, o en momentos de graves enfrentamientos, como ya ocurrió en el pasado, estos movimientos recuperen un fuerte protagonismo, pero en general son los gobiernos de los países más avanzados en el actual proceso los que llevan las iniciativas en los frentes interno y externo, sin que dispongan del soporte de partidos seriamente consolidados en lo organizativo y en lo ideológico.
Conclusión
En lo inmediato, lo más urgente es, evidentemente, las políticas para hacer frente al nuevo nivel de la ofensiva militarista de las oligarquías locales y el imperialismo puesto en evidencia con el despliegue de bases militares norteamericanas en Colombia y el golpe de Estado en Honduras. Las denuncias, iniciativas, propuestas y llamamientos que se están realizando en este sentido son un claro síntoma de la preocupación que este tema ha suscitado en los gobiernos de la región y entre las fuerzas de izquierda en general, de la conciencia del peligro real que supone la escalada belicista desplegada a pesar del cambio de administración en los Estados Unidos. Definitivamente, parece que el desplazamiento de los neocon de la Presidencia norteamericana no ha alterado los parámetros esenciales de la política exterior imperial.
En segundo lugar, la preocupación por el futuro de las experiencias en desarrollo se centra en la posibilidad de que algunos de los actuales gobiernos progresistas sean desbancados electoralmente por partidos de derechas, dando lugar a un nuevo ciclo político que cancele lentamente el actual en marcha.
Pero, incluso si ambos peligros son sorteados finalmente, seguiría quedando en el aire el camino a seguir para alcanzar esa difusa meta, por el momento, que se ha dado en denominar socialismo del siglo XXI.
Cuando se terminan de escribir estas líneas están apareciendo las primeras noticias y reacciones en torno a la convocatoria realizada desde Caracas en la reunión de 55 partidos de izquierda de todo el mundo para volverse a reunir en abril de 2010 e iniciar la construcción de la V Internacional Socialista. De consolidarse una iniciativa de la profunda carga histórica de este tipo, seguramente se estaría haciendo un esfuerzo realmente importante por solucionar los tres problemas que acabamos de mencionar.
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i(*) Se pueden consultar otros artículos y libros del autor en el blog : http://miradacrtica.blogspot.com/
Para la redacción de este artículo vamos a utilizar diversas aportaciones realizadas por autores que siguen habitualmente el proceso en desarrollo en América Latina y que, como se podrá comprobar, mantienen posiciones diferentes, incluso encontradas, sobre distintos aspectos de este proceso. Intercalar citas siempre es un ejercicio arriesgado que puede suponer una interpretación no exacta de lo dicho por sus autores. Por ello aconsejamos a los lectores interesados la lectura de los textos originales, fácilmente localizables en Internet.
ii Deliberadamente he elegido esta definición dada la diferencia de conceptos utilizados para referirse a estas experiencias (revolución bolivariana, socialismo del siglo XXI, reformismo radical, antineoliberalismo, etc.). No obstante, al menos, se puede suscribir la siguiente definición amplia sobre la izquierda, “izquierda significa el conjunto de teorías y prácticas transformadoras que, a lo largo de los últimos ciento cincuenta años, resistieron a la expansión del capitalismo y al tipo de relaciones económicas, sociales, políticas y culturales que genera, y que se hicieron con la convicción de la posibilidad de un futuro poscapitalista, de una sociedad alternativa, más justa por estar orientada a la satisfacción de las necesidades reales de los pueblos, y más libre, por estar centrada en la realización de las condiciones del efectivo ejercicio de la libertad. A esa sociedad alternativa generalmente se la llamó socialismo”, Boaventura de Sousa Santos, ¿Por qué cuba se ha vuelto un problema difícil para la izquierda?
iii Como artículos más recientes de la preocupación existente ante la amenaza militar pueden verse el de Heinzt Dieterich, Parálisis estratégica de Chávez-Correa-Lula ante Declaración de Guerra de Obama ; y el de Marta Harnecker, Cómo cambiar la correlación actual de fuerzas en América Latina
iv Nils Castro, Una coyuntura liberadora...¿y después?
v Javier Biardeau R., ¿Tiene razón Dieterich?
vi Raúl Zibechi, La Unasur acosada.
vii James Petras, El socialismo del siglo XXI en su contexto histórico
viii James Petras, op. cit.
ix Javier Biardeau R., op. Cit.
x Emir Sader, América Latina ¿el eslabón más débil?
xi Javier Biardeau R., op. Cit.
xii Jesús Sánchez Rodríguez, Venezuela: los retos de la vía democrática al socialismo.
xiii Boaventura de Sousa Santos, ¿Por qué Cuba se ha vuelto un problema difícil para la izquierda?
xiv Roberto Ramírez, Sobre la naturaleza de las revoluciones de posguerra y los estados "socialistas", pág 221
xv Raúl Zibechi, Movimientos, crisis, movimientos.
xvi Isabel Ruber, Siglo XXI: tiempo de revoluciones desde abajo, pág 4
xvii Raúl Zibechi, Autonomías y emancipaciones. América Latina en movimiento, pág. 245
xviii Roberto Sáenz, Las revoluciones de posguerra y el movimiento trotskista_2, pág 4
xix Claudio Katz, Estrategias socialistas en América Latina
xx Raúl Zibechi, Autonomías y emancipaciones. América Latina en movimiento, pág. 272
El Proceso de Cambio Más Allá de las Elecciones En Bolivia
Estamos a poco más de 15 días de la realización de las elecciones nacionales. A estas alturas, salvo un cambio radical, el panorama político y la intención de voto tienen tendencias más bien definidas.
Reconozco que es una experiencia única en mis vivencias de país. Reconozco que cuando empecé a tener edad para votar, a finales de la década de los ’80 participé en las elecciones municipales dando mi voto a las candidaturas casi marginales de la izquierda (lamente nunca haber tenido la oportunidad de votar por Marcelo Quiroga). Era un voto esperando que de ahí se fortalezca alguna alternativa, de a poquito, pacientemente. Eran tiempos de dominio neoliberal.
Después perdí el poco encanto que las elecciones significaban para mí y empecé a pifiar mi voto. Las elecciones no eran una fiesta y se reproducían como un hábito para la repartija del poder entre los mismos de siempre.
En las elecciones generales del año 2002, volví a votar como en una fiesta, con esperanzas, con decisión, sabiendo que mi opción era importante para el país. Recuerdo que ese día fuimos en un triciclo grande, como esos que usan en Puno como taxis, la familia entera, cinco personas montados en el triciclo a compartir esperanzas. Tres años después sentía que esa ilusión de votar, la fiesta electoral, era un sensación compartida por mucha gente, por los siempre excluidos, por la gente que no contaba o era ninguneada, por quienes eran aceptados en las fotos de postal pero rechazados en las esferas del poder real. El ambiente era diferente. Se notaba que la subjetividad colectiva se modificaba. Que era posible creer en que otra Bolivia era posible.
Volví a votar con entusiasmo, con sensación de fiesta desde el año 2002 y nunca sentí la necesidad de afiliación partidaria. Siempre creí que las elecciones y la posibilidad de elegir gobiernos son un derecho fundamental que tenemos, pero que los procesos de cambios están más allá de quienes nos gobiernan, aunque necesitan de gobiernos que hacen posible la transformación. No habría el proceso de cambio que vivimos, así de imperfecto pero profundamente mejor que cualquier otro momento de la historia del país, sin Evo Morales y el MAS. Pero ni Evo sería presidente ni el MAS el partido de gobierno sin un pueblo, sin movimientos sociales, sin sociedad civil, sin innumerables personas que creen, construyen y sienten el proceso de cambio como suyo, sin necesidad de filiación partidaria.
Por eso vivo estas elecciones, las 6 de diciembre, como una fiesta que servirá para dar un nuevo paso gigante en el proceso de cambio. Pero también porque siento que la gente, la mayoría claramente, asume que son tiempos de no vuelta al neoliberalismo económico ni al neoconservadurismo político. Se siente en el ambiente, estamos pasando de la polarización extrema a la consolidación del proyecto de cambio que permitirá debatir más hacia adentro, ser críticos pero sin abandonar la profundización de este hermoso brotar de otra Bolivia, más digna, más justa, más nuestra.
La fiesta invita estar, no sólo el 6 de diciembre, participando, decidiendo, siendo sujetos del país, porque ya no es sólo dar el voto, es saber que además somos parte de una sociedad capaz de movilizarse, de proponer, de gestionar lo público. Es participación creciente de la gente, no voto “rebaño”.
Hay gente que gusta hablar de voto “cautivo”, cuando se refiere al caudal de votación consolidado por el proceso de cambio. Cautivar tiene tres significados, anoto dos de ellos. Uno señala la idea de aprisionar o privar de libertad. Otro significa atraer o ganarse a alguien. Una sonrisa cautiva, seduce, no aprisiona. En ese sentido, sí hay un voto cautivo o, mejor dicho, cautivado por la participación, por los avances en el país, por la dignidad, por procesos de mayor inclusión y equidad. No es privación de la libertad, es expansión de sujetos participantes, en fiesta, cautivados por sus propia capacidad de cambiar el país porque el proceso es de todos y todas, se lo hace en el día a día.
Yo voy a votar así de cautivado, en un acto electoral como fiesta. Pero la fiesta no puede quedarse en ese día. Exige que se complemente con los procesos de transformación de la vida cotidiana, donde vivamos relaciones cotidianas más justas, inclusivas y celebrativas de la diversidad en equidad. Allí también esta brotando otro país, otras subjetividades, otras maneras de sentirnos personas, pero también queda mucho por hacer.
El proceso de cambio que vive el país es mucho más allá de las elecciones, de elegir –reelegir mejor dicho- un presidente, de lograr que la derecha radical y violenta salga derrotada contundentemente. Todo eso es importante y hay que celebrarlo el 6 de diciembre, pero la vida continua después y los desafíos y motivos para la fiesta también.
http://evolucion-bolivia.blogspot.com/
Contexto de los Movimientos Sociales en Latinoamérica
octubre 2009

El desafío de la construcción teórica:
Los movimientos sociales en los nuevos escenarios
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Contenido:
Los procesos de articulación política emancipatoria
GALFISA
Pensamiento latinoamericano, cultura e identidades
Fernando Martínez Heredia
Movimientos antisistémicos y gobiernos populares: nuevos desafíos
Gilberto Valdés Gutiérrez
Pistas sobre la construcción de lo político
GALFISA
El nuevo escenario y territorio político en América Latina
Militarización y estrategia hegemónica imperialista
Mujeres y pluralidad sexual: Sociedades diversas, cuestión de humanidad en el siglo XXI
Irene León
Comunicación y cultura: notas para un debate
José R. Vidal
Por un saber emancipado y emancipador
La construcción de alternativas emancipatorias
Juventudes en las luchas y cambios civilizatorios
* La presente entrega se elaboró en coordinación con GALFISA, Cuba.
La Mafiosa Estrategia Imperial en Latinoamérica
La estrategia del imperio en América Latina

El 17 de Agosto de 2009 salió publicado en el periódico La Jornada un artículo de David Brooks, en el que se indica que en información recientemente “desclasificada” sobre documentación oficial y políticas de seguridad nacional en Washington, dada a conocer por el National Security Archive, se revela que al comienzo de la década de los años 70’s, los gobiernos de Estados Unidos y Brasil “discutieron esfuerzos para coordinar la intervención clandestina contra regímenes de izquierda en Chile, Cuba, Perú, Uruguay y otros países para evitar el surgimiento de ‘nuevos Allendes y Castros’ en la región.”
El artículo trata sobre conversaciones entre el entonces presidente de los EUA, Richard Nixon, y el de Brasil, Emilio Garrastazu Médici, en las que se planea una colaboración secreta para intervenir en estos países con la intención de contrarrestar “la tendencia de expansión marxista-izquierdista” en América Latina.
Entre otros puntos de acuerdo las conversaciones revelaron que “Brasil tomaría un papel cada vez más grande en las relaciones hemisféricas…” sin intervenir directamente, pero que “…el régimen no descartará utilizar la amenaza de intervención o las herramientas diplomáticas y la acción encubierta para oponerse a regímenes de izquierda, o mantener a gobiernos amistosos en el poder, o ayudar a ponerlos en lugares como Bolivia y Uruguay.” En uno de los documentos se afirma que en 1971 Nixon comentaba al primer ministro de Gran Bretaña, Eduard Healt que “Brasil apoyaba la posición de Washington y agrega que ‘los brasileños ayudaron a manipular la elección uruguaya’ .”
Todo esto se hizo con el mayor sigilo y en el máximo secreto, ya que el gobierno de Estados Unidos no quería que apareciera su mano en esta “cooperación”. Una pieza clave en la clandestina comunicación fue Henry Kissinger quien años después fue secretario de Estado estadounidense.
La intención de las acciones encubiertas era la de detener el avance de los países y sus pueblos que estaban organizándose hacia formas más justas, independientes y democráticas y rompiendo así con la hegemonía casi absoluta que en ese entonces mantenían los Estados Unidos en la región.
Los múltiples intentos realizados para derrocar el régimen de Fidel Castro en Cuba no prosperaron, sin embargo Salvador Allende en Chile no corrió con la misma suerte y su gobierno cayó abatido por el golpe de Estado concebido, planeado y organizado desde el corazón del imperio junto con sus aliados regionales, como ahora claramente podemos ver, y ejecutado por las cúpulas del poder civil y militar chileno.
Retroceder en el tiempo y echar un vistazo a la historia siempre es bueno en la medida que nos ayuda a comprender mucho de lo que ocurre en la actualidad. La historia parece repetirse el día de hoy y la interpretación que damos es que los planes de conquista del imperio no han cambiado en lo sustancial.
Dos acontecimientos de la mayor importancia internacional sucedieron en los últimos meses, precisamente cuando se conmemoran 200 años de la independencia de los países latinoamericanos de las coronas europeas.
El reciente golpe de Estado en Honduras, que trata de suplir a un gobierno que se acercaba a una integración económica, política y cultural más humanitaria con diversos países de la región, por uno subordinado e incondicional a los designios del gobierno estadounidense.
Por otro lado la firma de un convenio entre los gobiernos de EUA y Colombia para la instalación de nuevas bases militares estadounidenses en territorio colombiano, con las que sumarían siete, bajo el cada vez menos creíble argumento de que tienen como objetivo la lucha contra el narcotráfico, el terrorismo y, deberían agregar los movimientos populares por su autonomía, independencia y soberanía.
Estos dos hechos apuntan hacia un mismo fin: detener la expansión de los gobiernos progresistas en América Latina y en esta ocasión fijan la mirilla de sus armas contra quienes impulsan de manera muy especial la integración de los pueblos de la región; Cuba que ha sabido sobrevivir a los diversos intentos por vencerla, y Venezuela, países que por primera vez en la historia de América Latina impulsan la creación de “un sistema de integración socioeconómica latinoamericano de carácter solidario, la Alianza Bolivariana para los pueblos de Nuestra América, (ALBA) al que se van sumando otros países y que ha parado los pies a los tratados de libre comercio promovidos por EUA que tanto han arruinado a los pueblos latinoamericanos.” Este sistema de integración está rompiendo con la histórica inercia que la época colonia heredó a los países que vivieron durante siglos sometidos a las coronas de España y Portugal y que los obligaba a comerciar exclusivamente con las metrópolis de esos imperios.
La instauración de gobiernos incondicionales a Washington se repite. Por medio de estos pueden desplegar las acciones necesarias para frenar el trabajo de los pueblos en pos de su unidad, para manipular a modo la política interna de los países que les convenga, o para de plano derrocar a los gobiernos que se han revelado en su contra, impidiéndoles desarrollar sus planes de dominio, apropiación y saqueo de los recursos naturales y humanos con que cuentan esos países.
En esta ocasión Cuba y Venezuela están en la estrategia militar del imperio y para ello quieren cerrar el cerco con las bases militares de Colombia, y con el gobierno títere de Honduras que hasta hoy continúa en el poder.
Por otro lado, es necesario apreciar la importancia estratégica que tiene en la región otro país con gobierno de derecha y que también le hace segunda a Washington en sus planes de dominio: México. La imposición de Calderón en la presidencia del país, así como el apoyo que brinda en los hechos al gobierno de EUA, aunque en el discurso presente un planteamiento diferente, es parte de la proyección que el imperio tiene hacia los países latinoamericanos.
De esta manera, y tal como señala el artículo ¿Un protectorado?, de Luis Javier Garrido, publicado en La Jornada el 21 de agosto de 2009, el TLCAN, promovido por Carlos Salinas de Gortari, se “…abrió para el desmantelamiento de la nación y la entrega de la definición del proyecto nacional al gobierno de Washington, y proseguida por Ernesto Zedillo, que al modificar el artículo 28 constitucional en 1995 pretendió fincar las bases para concesionar a las grandes transnacionales áreas estratégicas de la nación, desde el petróleo, la energía eléctrica, la energía nuclear, los ferrocarriles y los puertos, hasta el espacio aéreo, la comunicación satelital, el correo y los teléfonos”. El mismo artículo afirma más adelante que con el gobierno de Calderón se ha llegado a extremos inéditos y muy graves al pretender “entregar el control de las fuerzas armadas de México y, en consecuencia del territorio mexicano, a Washington, siguiendo el modelo de Colombia.” Así el gobierno derechista de Calderón está dejando a las fuerzas armadas del país subordinarse al Pentágono, lo cual es algo muy peligroso para la soberanía de la nación.
Finalmente podemos observar que la estrategia del imperio avanza y repite actos del pasado. El papel que jugó el gobierno de Brasil en la caída de Salvador Allende en Chile puede repetirse hoy con Colombia en la guerra que el Pentágono le hace a Venezuela y Cuba. Sería iluso pensar que no existen diversos planes concebidos y elaborados para llevar a cabo dichas acciones.
A lo largo de la historia de la humanidad, los imperios que han controlado las diferentes etapas históricas han tenido como finalidad el control y sometimiento de las poblaciones, la apropiación y saqueo de sus recursos naturales y humanos. La época moderna no es la excepción. Pero al igual que en el pasado los imperios dominaron durante largos períodos continentes enteros, también cayeron a causa de la presión ejercida por las luchas de liberación de los pueblos y sus gobiernos.
Movimientos Sociales y Globalización Egoista
Globalización imperial y movimientos sociales en Latinoamérica
Introducción
El crecimiento sin obstáculos del capitalismo euroestadounidense después de la caída del comunismo soviético y europeo, la conversión de China e Indochina al capitalismo de Estado y el auge de dictaduras militares de libre mercado en Latinoamérica, respaldadas por EE.UU., dan un nuevo ímpetu a la construcción occidental imperial llamada “globalización”.
El proceso de globalización fue el resultado de condiciones ‘externas’ e ‘internas’ y coaliciones de clase incrustadas en la estructura social tanto de los países imperiales como de los países ‘recipientes’ u objetivos. La expansión del capital no fue ni un proceso lineal o de expansión (acumulación) continuada ni uno de colaboración sostenida de los paises objetivos. Las crisis en los centros imperiales y las transformaciones de los regímenes en los países colaboradores afectaron al flujo de capital, al comercio, a las normas y a las regulaciones.
Una de las consecuencias no pretendidas de la ascensión de las clases dominantes globales fue el surgimiento de movimientos sociales a gran escala y tumultuosos, especialmente en Latinoamérica, que retaron a los gobernantes, ideología e instituciones que mantenían el imperio global.
Las relaciones entre globalización imperial y movimientos sociales son complejas, cambiantes y están sujetas a reveses y avances. Este estudio, con atención a Latinoamérica, plantea diversas hipótesis al explorar la relación entre globalización y movimiento social durante un período de treinta y cinco años: desde el comienzo de la doctrina del libre mercado que es la fuerza motora de la globalización (1975) hasta hoy (2010). Este arco temporal nos proveé del tiempo suficiente para observar las operaciones a largo plazo del capital global y las trayectorias históricas de los movimientos sociales. Tomando Latinoamérica en su conjunto como una sola entidad, ampliamos nuestro campo de acción y minimizamos la posibilidad de desarrollos idiosincráticos específicos para un solo país.
Nuestra investigación se guía por un número específico de hipótesis que serán testadas a través de un análisis histórico de las tendencias económicas globales y la trayectoria de los movimientos sociales. Empezaremos haciendo un breve repaso de las dinámicas de la globalización y el crecimiento de los movimientos sociales en Latinoamérica para entonces especificar nuestras hipótesis clave acerca de las relaciones entre globalización y movimientos sociales.
Globalización: Clase, Estado y Economía
El comienzo de una nueva y dinámica fase de expansión de capital imperial, que llamaremos globalización, debe mucho al resultado político favorable de la lucha a escala mundial entre el capital y la clase obrera. La derrota y retirada de la clase obrera en Occidente, particularmente en EE.UU. e Inglaterra, y la autodestrucción de los regímenes comunistas del este pusieron los cimientos para una agresiva cruzada global contra regímenes y movimientos de izquierda en el tercer mundo, especialmente en Latinoamérica. El retroceso de los movimientos obreros fue particularmente vicioso y triunfal en Latinoamérica, donde la mayor parte del continente experimentó la instauración de dictaduras militares que desmantelaron las restricciones nacionales a los flujos de capital y los aranceles.
Dentro de este nuevo marco global de artífices de la construcción imperial y regímenes autoritarios colaboracionistas, hay varios factores que intensificaron la expansión global económica.
(1) La innovación tecnológica, especialmente las tecnologías de la información, aceleró los flujos de capital y mercancías.
(2) La acumulación a gran escala de capital en los Estados imperiales, una bajada relativa en los porcentajes de los beneficios y el creciente rol del capital financiero espolearon las inversiones en ultramar, la especulación y las liquidaciones de empresas privatizadas.
(3) La competición intensificada entre EE.UU., la Unión Europea y Asia, llevó a las MNC (Corporaciones Multinacionales en sus siglas en inglés) a buscar ventajas asegurando bancos y recursos; cuotas de mercado dentro de Latinoamérica.
(4) El surgimiento de dictaduras derechistas pro occidentales proveyó condiciones socioeconómicas excepcionalmente favorables para liquidaciones y adquisiciones de empresas y recursos locales, extraordinarios dividendos en especulación financiera y oposición mínima de reprimidos sindicatos y partidos nacionalistas y de izquierda.
Como consecuencia de estos cambios estructurales, se pusieron en práctica doctrinas de libre mercado y políticas neoliberales con el resultado de acuerdos de libre comercio bilaterales (NAFTA- Tratado de Libre Comercio de América del Norte en sus siglas en inglés-) y desregulación de las economías. El crecimiento de la actividad especulativa enraizó y prosperó al mismo tiempo que las redes de garantía social fueron desmanteladas.
Después de más de dos décadas de desarrollo altamente polarizado y crecimiento mediocre, las economías neoliberales se estancaron y entraron en crisis: los precios de las mercancías (commodities) cayeron, las burbujas financieras estallaron, estafas bancarias a gran escala empobrecieron a los ahorradores de la clase media, inversionistas fueron defraudados... llevando a un colapso económico virtual y a un desempleo masivo. En los primeros años del nuevo milenio, Latinoamérica se enfrentó a una crisis sistémica en la cual los regímenes neoliberales fueron depuestos, los movimientos sociales crecieron y las bancarrotas económicas se multiplicaron. Se elegieron partidos y coaliciones de centro izquierda que tendieron a implantar medidas de mejora que aliviaron el impacto de la crisis. Se aprobaron paquetes de estímulo para reavivar las economías. El auge de los precios agrícolas y minerales en el mercado mundial facilitó la recuperación económica, que duró hasta el comienzo de la recesión económica de 2008.
Movimientos Sociales
Brotando del polarizado crecimiento, de la intensificada explotación del trabajo y del desplazamiento de campesinos y granjeros, todo ello endémico de las políticas de libre mercado, el descontento social se extiende en las zonas rurales, especialmente entre los trabajadores rurales sin tierra, los campesinos y las comunidades indígenas. Emergió una nueva generación de líderes militantes con capacidad para conectar el malestar local con políticas estructurales nacionales e internacionales. Los movimientos de masas se establecieron en los primeros años de la década de los noventa y lanzaron una serie de campañas masivas y movilizaciones que se extendieron a las ciudades e hicieron involucrarse a la creciente masa de trabajadores urbanos desempleados, funcionarios, y empresarios y profesionales de clase media empobrecidos y cada vez menos reciclables.
Las crisis precipitaron revueltas a gran escala, comandadas por los nuevos movimientos sociales, que demandaban cambios sistémicos pero se apaciguaban ante la elección de regímenes de centro izquierda. La primera década del siglo XXI ha sido testigo del ascenso y declive de la actividad de movimientos que eventualmente se asentaban en cambiantes nichos del nuevo orden presidido por los regímenes de centro izquierda.
Hipótesis Clave
La expansión de la ‘globalización’ o el desarrollo del modelo imperialista centralizado fueron acompañados del crecimiento de los movimientos sociales de masas. Esto plantea la cuestión fundamental de la relación entre los dos procesos. Presentamos varias hipótesis para explorar esta relación.
(1) Cuanto mayores sean las desregularizaciones de la economía, mayores serán la aceleración de la globalización y el impulso para el crecimiento de los movimientos sociales.
(2) Las crisis y el colapso de la globalización desregularizada lleva a un mayor protagonismo y una mayor radicalización de los movimientos sociales hasta incluir levantamientos sociales que deponen regímenes en curso.
(3) Cuanto mayores son la regulación y el control del proceso de globalización por parte del régimen, menor es el impacto de las crisis, más moderadas las actividades de los movimientos sociales y menos probable una rebelión popular.
(4) Cuanto más débil sea la red de seguridad social en tiempos de crisis, mayores serán los movimientos sociales y más radicales sus demandas. Por el contrario, cuanto más fuerte sea la red de seguridad social en tiempos de crisis menor será el crecimiento de movimientos sociales y más reformistas sus demandas.
(5) La depreciación mundial de las mercancías (commodities) tiene más posibilidades de crear como subproducto movimientos sociales radicales que los períodos de precios boyantes.
Combinando nuestras cuatro principales variables en una sóla hipótesis sobre la relación de la globalización y los movimientos sociales, llegamos a las dos proposiciones siguientes:
Las condiciones óptimas para los movimientos sociales radicales de masas aparecen cuando una economía sufre una alta desregularización, en tiempos de crisis financieras y recesión productiva, cuando los precios de las mercancías (commodities) están a la baja y en un contexto débil de garantías sociales.
Por el contrario, los movimientos sociales radicales de masas tienen menor posibilidad de surgir bajo una economía altamente regulada, con una fuerte red de seguridad social y en un contexto mundial de precios de mercancías (commodities) al alza y economía boyante.
Poniendo a prueba la hipótesis: Latinoamérica 1980-2010
Entre 1980 y 1990, Latinoamérica experimentó un período de creciemiento moderado y precios estables en el mundo para sus mercancías (commodities). Éste fue un período de desmantelamiento mayor de las regulaciones estatales sobre la economía y de un debilitamiento de las redes de seguridad social. Y aún así no se produjeron levantamientos sociales importantes ni se crearon movimientos sociales de masas, excepto en Chile entre 1985 y 1986, que terminaron con el pacto político, respaldado por EE.UU., entre los pinochetistas y los partidos de la socialdemocracia cristiana y su subsecuente ascenso al gobierno en 1990.
Durante la primera mitad de la década de los noventa los precios de las mercancías (commodities) descendieron hasta mínimos históricos, la red de seguridad social continuaba deteriorándose; los beneficios del capital se multiplicaron en una orgía de privatizaciones y adquisiciones extranjeras mientras el crecimiento general se estancaba. Crecieron los movimientos sociales, la movilización de masas, extendiéndose del campo a las ciudades aunque se dieron pocas rebeliones populares.
En el período entre el final de la década de los noventa y los primeros años del 2000 (aproximadamente 1999-2003) se experimentó una gran crisis socio-económica y política, incluyendo crisis económicas y financieras en Argentina, Bolivia, Brasil, Venezuela, Ecuador, Perú y Uruguay. Después de más de veinte años de políticas de libre mercado acompañando al proceso de globalización, la red de seguridad social estaba hecha jirones. Los precios de las mercancías (commodities) se mantenían bajos y la desregularización financiera agudizaba la vulnerabilidad de las economías ante la recesión en EE.UU.
Entre 2000 y 2005 los regímenes neoliberales se depusieron o cambiaron en Argentina (tres regímenes en dos semanas- 2001-2002), Bolivia (2003, 2005), Ecuador (2000, 2005), Perú, Uruguay, Brasil, Venezuela (el régimen golpista duró cuarenta y ocho horas- 2002). Los movimientos sociales crecieron precipitadamente en toda la región y sus demanadas se radicalizaron, demandas que incluían cambios estructurales fundamentales. El Movimiento de los Campesinos sin Tierra en Brasil (MST) lideró los movimientos de ocupación masiva de tierras en el país. Levantamientos obreros, campesinos e indígenas expulsaron en Bolivia a dos gobiernos elegidos en curso. En Ecuador, coaliciones de movimientos indígenas y urbanos derrocaron un gobierno neoliberal en curso en 2000 y un movimiento ampliamente basado en ciudadanos de las urbes expulsó a un régimen neoliberal corrupto en 2005. En Argentina, una rebelión popular liderada por organizaciones vecinales de trabajadores de clase media, desempleados y empobrecidos, expulsó a presidentes neoliberales y dominó la política de 2001 a 2003. En Venezuela, una movilización popular masiva, con aliados militares, expulsó a la junta empresarial-militar de abril de 2002, respaldada por EE.UU., y restableció en el poder al Presidente Chávez.
El período entre 2003 y 2008 fue testigo de una subida pronunciada de los precios de las mercancías (commodities) hasta niveles récord. El auge de los regímenes de centro izquierda estuvo acompañado de controles sobre el capital, la restauración parcial de la red de seguridad social, una recuperación económica rápida y un crecimiento relativamente alto. Los movimientos sociales dejaron de crecer, sus demandas se centraron en reformas inmediatas, las movilizaciones fueron menos frecuentes y algunos de sus líderes clave fueron designados cargos en la administración.
En el período entre 2008 y 2010 se produjo un pronunciado descenso del crecimiento que reflejaba el impacto de la recesión mundial y la bajada de los precios de las mercancías (commodities). Mientras la mayoría de los países entraba en recesión, el sistema financiero no experimentó un colapso comparable al del período anterior (2000-2002), en parte debido a los controles sobre el capital que tenían lugar desde la primera parte de la década. Mientras crecía el desempleo y los niveles de pobreza se incrementaban, la mejora de la red social minimizó el impacto de la recesión. Los movimientos sociales aumentaron su actividad y experimentaron un crecimiento medio pero con pocos, si es que alguno, retos al poder estatal, al menos durante los primeros dos años de duración de estas crisis en transcurso.
Conclusión
Nuestro repaso histórico demuestra que factores como la implantación de cambios neoliberales y la profundización en la globalización no llevan por sí solos al crecimiento de movimientos sociales masivos y radicales: así lo atestigua el período de 1980 a 1990. Ni tampoco el bajo precio de las mercancías (commodities), una débil red de seguridad social o unos ingresos estatales en declive provocan levantamientos populares y la creación de movimientos sociales radicales de masas. De la misma forma, una crisis económica, como la recesión de 2008 a 2010, no ha llevado a un resurgir de los movimientos sociales de masas radicales o de las rebeliones populares.
Sólo cuando una combinación de factores internos, como una débil red de seguridad social y una economía desregulada, y una crisis externa, como una recesión global, y unos precios de mercancías (commodities) mundiales a la baja, tenemos condiciones posibles para el crecimiento de movimientos sociales de masas radicales y dinámicos.
Los escritores que se centran o empiezan desde una perspectiva de ‘sistema mundial’ o cualquier otra de carácter ‘globalista’ cuando intentan estudiar el auge de los movimientos sociales como una función de las ‘operaciones’ de mercado fracasan a la hora de tener en consideración las luchas políticas y sociales internas y las políticas sociales estatales resultantes como factores determinantes.
Deberíamos resaltar que las rebeliones de los movimeintos sociales no ocurren de repente porque todas las contingencias tengan lugar. Los levantamientos sociales a finales de los años noventa y la primera mitad de los años del nuevo milenio tuvieron una década de gestación: organizándose, acumulando fuerzas sociales, creando alianzas con disidentes de las instituciones -como miembros radicales de la iglesia- y desarrollando líderes y cuadros de mando. Las crisis económicas, como mucho, fueron el evento “disparador” del severo descrédito de la clase dominante, minada la imperante ideología de la ‘globalización’, que permitió a los movimientos dar un salto cualitativo de la protesta a la rebelión política y el cambio de régimen.
Finalmente, aunque no es esencial para este estudio, deberíamos indicar que mientras los movimientos sociales en su climax fueron capaces de derrocar regímenes neoliberales, no fueron capaces de conseguir poder político y revolucionar la sociedad: sus levantamientos permitieron a políticos de centro izquierda llegar al poder. Irónicamente, una vez en el poder, aprobaron suficientes reformas económicas y sociales como para mantener a distancia la vuelta a la radicalización de los movimientos cuando la crisis económica mundial golpeara de nuevo al final de la primera década de este siglo.
Hacia Más Cambios Sociales En América Latina
América Latina: vacilaciones y desafíos
Frei Betto
Unidad y lucha continental
El mismo Brasil que dio refugio a los generales Stroessner y Oviedo, de Paraguay, no puede ahora favorecer a los militares golpistas de Honduras y entregar a Zelaya a las fieras. Sería igualmente una afrenta a la tradición hospitalaria del Brasil el repatriar a Cesare Battisti a las cárceles italianas.
América Latina vive su mejor momento desde hace décadas: con excepción de Honduras, no hay dictaduras militares en el continente; los gobernantes neoliberales, fieles a los recetarios del FMI y del Banco Mundial, fueron rechazados por el voto popular; hoy tenemos gobiernos democrático-populares que se comprometen a promover reformas de las estructuras por la vía pacífica y democrática.
¿Cuál es lo nuevo en América Latina? Samuel Huntington, relator de la Comisión Trilateral -nefasta conspiración imperialista de la década de 1970-, admitió que en nuestro continente la democracia, como el figurín que agrada a la Casa Blanca, sólo duraría si excluyese la participación de la parcela del pueblo.
Lo nuevo es que los excluidos -indígenas, peones, sin tierra, negros, desempleados, familias de bajos ingresos- ahora insisten en su protagonismo político. Prueba de ello es que un metalúrgico gobierna el Brasil, un indígena Bolivia, un ex guerrillero Nicaragua, una ex presa política Chile, otro ex preso político Uruguay, un sociólogo de izquierda Ecuador, un militar revolucionario Venezuela, un periodista apoyado por ex guerrilleros El Salvador, un ex obispo de la teología de la liberación Paraguay.
No se sabe qué hay de nuevo en Dinamarca, pero es cierto que hay algo nuevo en torno a la línea del Ecuador. De los 34 países de América Latina, en 15 hay presencia, en sus gobiernos, de políticos alineados con el Foro de São Paulo, organismo que desde hace décadas articula en el continente grupos y partidos de izquierda y/o progresistas.
Los países de la región tratan de crear mecanismos de intercambio comercial y de unidad política, como Alba, Unasur, Telesur, el Banco del Sur. Solamente los gobiernos de Colombia y de Perú desentonan en este proceso, sumisos todavía a la dependencia yanqui.
Ahora el desafío es evitar que los gobiernos progresistas sean anexados por el neoliberalismo. Es necesario que América Latina, que alberga al único país socialista del mundo, Cuba, tenga conciencia de sus potencialidades. Mucho antes de que los Estados Unidos crearan sus primeras universidades, Harvard y William&Mary, ya funcionaban la de San Marcos en Perú y la de Santo Domingo en la República Dominicana. Por cierto, ambas fundadas por la Orden Dominicana.
Sin embargo entre nosotros, ahora, la escolaridad media es de 7 años, y de cada 10 estudiantes de enseñanza media sólo 1 la termina. La mortalidad infantil promedio en el continente es de 50 por cada 1000 nacidos vivos, mientras que en Asia es apenas de 10.
Es decepcionante constatar la avidez que ciertos gobernantes latinoamericanos demuestran ante las ofertas del mercado de armas. Nuestros principales enemigos, los que debieran ser combatidos duramente, son todavía el hambre, la falta de salud, de educación, de vivienda y de cultura.
Si los actuales gobernantes democrático-populares no fueran capaces de emprender las reformas prometidas en sus campañas, y se dejaran envolver por el canto de las sirenas neoliberales, alentados por partidos conservadores interesados solamente en mantener parcelas de poder, la desigualdad social, todavía insultante, servirá de caldo de cultivo para el resurgimiento de conflictos armados.
La decepción de los pobres, además de la desesperación que origina en casos personales, engendra semillas de revolución cuando adquiere carácter social.
En Brasil, la entrada de Marina Silva, ex ministra del Medio Ambiente, en la lucha presidencial puede significar una alerta y una promesa. La alerta es que el gobierno de Lula resultó positivo pero no lo suficiente como para implementar reformas estructurales y promover el desarrollo sustentable.
EE.UU. No Puede Preocuparse Por El Armamentismo Latinoamericano
Hillary habló de la carrera armamentista en América latina. En un alarde de cinismo manifestó su preocupación ya que las compras de armas de Caracas “sobrepasan las del resto de la región”.
Luego de la entrevista con Tabaré Vázquez, la secretaria de Estado Hillary Rodham Clinton se refirió a la carrera armamentista en curso en América latina y en un alarde de cinismo manifestó su preocupación porque las compras de armas efectuadas por Caracas “sobrepasan las del resto de la región”. En línea con esa inquietud exigió al gobierno bolivariano que “sea transparente en sus compras y claro en sus propósitos”, para evitar que esas armas puedan terminar en manos de la guerrilla, el narcotráfico y organizaciones criminales.
Todo esto lo decía mientras en Quito la cumbre de ministros de Relaciones Exteriores y de Defensa de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur) naufragaba a causa de la cerrada oposición de Colombia a firmar un compromiso formal, solicitado unánimemente por los demás gobiernos de la Unasur , mediante el cual se garantizase que las tropas norteamericanas estacionadas en ese país no incursionarían fuera del territorio colombiano. A buen entendedor pocas palabras.
Las declaraciones de Clinton se produjeron casi en simultáneo con un comunicado de la Casa Blanca en el que se informaba de la renovación por otro año del universalmente condenado bloqueo en contra de Cuba, mientras persistía la indiferencia de Obama ante el caso de los cinco cubanos detenidos hace más de diez años precisamente por luchar contra las organizaciones terroristas radicadas en Miami. Si integramos estas tres noticias es evidente que las expectativas suscitadas por el arribo de Obama a la Casa Blanca eran ilusiones que fueron amargamente desmentidas por su gestión de gobierno.
La secretaria de Estado no puede ignorar que las compras de armas de Caracas ascienden a un monto muy inferior al gasto militar de otros países de la región. Por empezar, de Colombia. En segundo lugar, sabe muy bien que Venezuela está amenazada, asediada, hostilizada, acosada por Washington y por su peón sudamericano, Alvaro Uribe Vélez, cuyo prontuario por sus vínculos con el narcotráfico y el paramilitarismo lo convierte en un dócil rehén de la Casa Blanca.
Sabe que Estados Unidos ha decidido reemplazar la base de Manta por siete –no una sino siete– nuevas bases militares en Colombia. Sabe también que Uribe, solícito con sus amos, no quiere firmar ninguna carta que le ate las manos cuando las tropas del imperio acantonadas en su país ataquen a sus vecinos, por empezar Venezuela. Sabe también que a este país le asiste el legítimo derecho a la defensa, y que debe armarse para repeler una agresión militar largamente anunciada.
Sobre Obama y sobre ella recaerá la responsabilidad principal por esta demencial escalada belicista –bases militares, Cuarta Flota, golpe de Estado en Honduras, etcétera–, en perfecta sintonía con el mandato del complejo militar-industrial al cual Obama parece haberse supeditado sin siquiera librar batalla. Seguramente que la historia no los absolverá.
Esta nota fue originalmente publicada por el diario Página 12 - Argentina
Adiós Al Patio Trasero
El definitivo adiós al patio trasero
El acuerdo firmado el 7 de septiembre por Luiz Inacio Lula da Silva y Nicolas Sarkozy completa el viraje estratégico producido en la región con la decadencia de la hegemonía de Estados Unidos y el ascenso de Brasil como potencia global. Nace un complejo militar-industrial autónomo en el que alguna vez fuera el patio trasero del imperio, que consigue blindar la Amazonia y las reservas de hidrocarburos descubiertas en el litoral marítimo brasileño. Por si fuera poco, se informó que Brasil está en condiciones de fabricar armas atómicas.
El 5 de septiembre, el general Luiz Eduardo Rocha Paiva, profesor de la Escuela del Estado Mayor del Ejército, firmó un artículo de análisis en el sitio militar Defesanet: La miopía estratégica y la indigencia militar son las mayores amenazas a la soberanía de Brasil. Desde una perspectiva conservadora, critica de modo frontal la reacción de su país a la instalación de siete bases estadunidenses en territorio colombiano. Dice: no serían un problema si Brasil dispusiese de poder militar a la altura de la posición que pretende adoptar en el escenario internacional. Lo que nos amenaza es nuestra debilidad.
El artículo refleja el estado de ánimo de los militares brasileños, que temen una intervención de potencias occidentales que desde 1990 buscan imponernos una soberanía compartida en la Amazonia. La sensación de debilidad creció desde que un año atrás fueron descubiertos 50 mil millones de barriles de petróleo en el mar de Brasil, a siete kilómetros de profundidad. Esos recursos serán explotados por el Estado y no por empresas privadas, según propone Lula, con lo que Brasil se coloca como una de las principales estrellas del emergente BRIC, combinando una potente industria con autonomía energética que no todos poseen.
Faltaba la autonomía militar. El acuerdo con Francia le permite comprar cinco submarinos, uno nuclear, y 50 helicópteros de transporte militar por un valor de 12 mil millones de dólares. Con la anunciada adquisición de 36 cazabombarderos Rafale de la francesa Dassault, la cifra se elevaría a 18 mil millones de dólares, pero la prensa gala estima que la compra puede ascender a 120 aviones. Si se confirma la preferencia de Lula por el aparato francés, habrá quedado por el camino el F-18 Hornet de Boeing, en una decisión política que se ha interpretado como una declaración de guerra a Washington.
El negocio incluye la adquisición por Francia de 10 aviones de transporte militar KC-390 brasileños para sustituir los Hércules C-130 estadunidenses. Con ser importante, el negocio es apenas un detalle menor al lado de la masiva transferencia de tecnología que conlleva la alianza.
El acuerdo contempla la construcción de astilleros en Río de Janeiro, donde serán construidos los submarinos Scorpene; en tanto, los helicópteros serán armados en Minas Gerais por la empresa binacional Helibras, filial de la europea EADS.
Con los aviones de combate la cuestión es más ambiciosa. La adquisición de los Rafale no será una mera compra, porque se construirán en Brasil y existirá la posibilidad de que sean vendidos en América Latina, dijo el canciller Celso Amorim. Las seis primeras aeronaves las entregará Francia, pero las 30 restantes serán ensambladas por la brasileña Embraer, que ya es la tercera empresa aeronáutica del mundo detrás de Airbus y Boeing, y fabrica aviones de combate, aunque no cazabombarderos de última generación. El contrato a estudio considera que Brasil podrá vender los cazas Rafale en Sudamérica, lo que da idea de la trascendencia de una alianza que, en los hechos, lo convierte en un avión de combate franco-brasileño.
De ese modo, Brasil pasa a ostentar la mayor flota naval de América Latina y una industria capaz de abastecer a sus fuerzas armadas de modo permanente según la evolución de los acontecimientos en la región. Brasil estará entre los once países del mundo capaces de fabricar cazabombarderos. El monto de los acuerdos, si se incluyen los Rafale, sería cuatro veces superior al costo del Plan Colombia. Así Brasil completa un giro radical: hace siete décadas, durante la Segunda Guerra Mundial, Getulio Vargas alineó a su país con Estados Unidos. Ahora Lula proclama la segunda independencia, como dijo cuando propuso la creación de Petrosal, la empresa estatal encargada de monitorear la explotación de yacimientos que ahora protegerá la marina.
Quien crea que es una política del gobierno de Lula está equivocado. Es una opción del Estado brasileño, largamente planificada –los acuerdos con Francia fueron negociados más de un año–, pero acelerada por la decisión del Comando Sur de convertir a Colombia en una gigantesca base militar. El parlamento de Brasilia aprobó en tiempo récord de 48 horas los fondos para la compra de los cinco submarinos y los 50 helicópteros.
Más claro fue el comandante de la marina, Julio Soares de Moura Neto, quien respondió a un cuestionamiento del conservador Folha de Sao Paulo sobre el elevado gasto militar: Los brasileños precisan tener conciencia de que tenemos riquezas inconmensurables en el mar, y la marina debe estar preparada para defender nuestra soberanía sobre ellas. Agregó que la reactivación de la Cuarta Flota no fue ni política ni diplomáticamente informada a Brasil, con lo que la pretendida alianza entre la Casa Blanca y Planalto se disolvió en las nieblas del militarismo.
La alianza entre Francia y Brasil echa luz sobre los verdaderos acontecimientos del continente; las cosas se han invertido: ya no son los gobiernos díscolos del sur los que pretenden poner palos en la rueda de la hegemonía estadunidense. Es la Casa Blanca la que intenta frenar el ascenso de Brasil al rango de potencia global, lo que inevitablemente supone el ocaso de Estados Unidos en la región.
http://www.jornada.unam.mx/2009/09/11/index.php?section=opinion&article=020a1polMilitarización de Latinoamérica y Obama
Obama ante la militarización de América Latina
Vicky Peláez
Por el engaño se nos ha dominado más que por la fuerza
Simón Bolívar
En ocho meses de poder, Barack Obama pudo cautivar con carisma y fácil sonrisa a la opinión pública mundial que lo percibió como un líder capaz de dar un respiro de paz al planeta envuelto en la violencia y la inseguridad económica. Pero pocos percibieron que sus gestos, retórica y promesas de cambio eran parte de su estilo personal, pulido por los mejores especialistas de mercadotecnia para dar una nueva imagen a los viejos intereses expansionistas norteamericanos. El mismo Barack Obama lo reconoció cuando Mikhail Gorbachev lo felicitó por su creciente popularidad mundial. El presidente norteamericano le contestó sonriendo: "just you wait, it'll go down" ("espere un poco y verá como caerá mi popularidad").
En América Latina su sonrisa se hace odiosa porque ya no puede ocultar la creciente sombra militar norteamericana que se expande sobre el continente. Obama sigue la vieja consigna de Richard Nixon quien declaró en 1971 al Consejo Nacional de Seguridad, que si Estados Unidos no podía controlar a América Latina tampoco podría imponer su autoridad al mundo. Nixon hizo "chillar" la economía chilena y propició el golpe militar al gobierno de Salvador Allende. Los tiempos cambian y siguen las mañosas estrategias del dominio. Barack Obama y su Departamento de estado siguió el mismo "juego de inocentes" en Honduras, y hace como si no pudiera restituir inmediatamente al legítimo presidente Manuel Zelaya en el poder.
Precisamente esto no está en los planes norteamericanos que frente al avance de los proyectos populistas en Venezuela, Bolivia y Ecuador empezó una nueva ola expansionista de sus bases militares. La presencia militar norteamericana en América Latina y en todo el mundo, supera con creces el número de sus diplomáticos y hombres de negocios. Sus 14 conocidas bases militares en el continente y una docena de bases encubiertas, se están ampliando a 21 por la decisión no tan sonriente de Obama. Esto, después de firmar un tratado secreto con Colombia, y no se sabe cuantas nuevas bases clandestinas se creerán en los Andes y la Amazonía cuya abundante riqueza natural necesita Estados Unidos para sobrevivir en el Siglo XXI.
Por de pronto, apareció en el Perú un "misterioso" grupo armado de VRAE (Valles de los Ríos Apurímac Ene) formado por mercenarios narcotraficantes, anti- maoistas a rabiar, armados hasta los dientes, que matan a militares y policías, y a quien el gobierno de Alan García tilda de ‘senderistas'. Este es un nuevo pretexto para que Norteamérica examine la posibilidad de instalar una base en Ayacucho. Sobran pretextos: de la lucha contra la droga, el terrorismo o de la ayuda humanitaria, pero en realidad ficticios. Está probado en Colombia, Ecuador, Perú y Afganistán, entre muchos otros, que donde hay bases militares aumenta el tráfico de droga. Así Afganistán se convirtió en primer productor de opio del mundo donde Obama prohibió a sus militares luchar contra el tráfico de droga para "no alienar a la población afgana".
Todo es cuestión del control de recursos naturales y el único modo "efectivo" de lograrlo es a través de la fuerza militar. Venezuela, Brasil, Ecuador Bolivia, Argentina perciben la sombra de futuras invasiones y se preparan para recibirlos.
http://www.argenpress.info/2009/09/obama-ante-la-militarizacion-de-america.html
La Guerra Entre China y EE.UU. por la Amazonía
kaosenlared.net
Sudamérica: las bases en Colombia y la disputa por los bienes comunes
Primero algunas informaciones recientes:
"La primera evaluación detallada de más de 800 campos de petróleo en el mundo, que abarcan las tres cuartas partes de las reservas mundiales, ha encontrado que la mayoría ya llegó a su punto máximo y que la tasa de disminución es casi el doble del ritmo calculado hace apenas dos años", señala Birol. Esa tasa de decrecimiento es del 6,7 por ciento frente al 3,7 por ciento de 20072.
Este año, China ha negociado acuerdos que duplicarían un fondo de desarrollo en Venezuela a 12.000 millones de dólares, le prestaría unos 1.000 millones de dólares a Ecuador para construir una planta hidroeléctrica, le dará acceso a Argentina a más de 10.000 millones de dólares para proyectos y otros 10.000 millones a la empresa estatal del petróleo en Brasil.Según cifras oficiales brasileñas, el volumen de comercio bilateral entre Brasil y China alcanzó 36.440 millones de dólares en 2008, lo que supuso 55,9 por ciento de incremento con respecto al año anterior. En abril de este año, China se convirtió en el primer socio comercial de Brasil, superando a Estados Unidos. El ingreso de China como país donante en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en abril pasado, tras quince años de negociaciones, fue una fuerte señal de su creciente compromiso para ahondar sus vínculos con la región3.
Las informaciones anteriores, recogidas apenas en la prensa internacional de la última semana, permiten inferir que en la región se está produciendo una fuerte competencia por recursos naturales con la participación de potencias extracontinentales. En paralelo, los países más importantes (Argentina, Brasil, Venezuela) comienzan a realizar sus intercambios en otras monedas diferentes al dólar y establecen alianzas con países asiáticos y con potencias emergentes.
El peso que los factores económicos vinculados a la hegemonía tengan en la decisión de incrementar la presencia militar de Estados Unidos en Colombia, podrán observarse de modo más claro a medida que Obama vaya tomando más y más decisiones estratégicas.
Contra quién van las bases
Según Estados Unidos se trata básicamente de sustituir el papel que venía jugando la base de Manta, en Ecuador, que debe abandonar en noviembre pero de la cual de hecho ya se ha retirado. Para el presidente Álvaro Uribe, se trata de seguir adelante con el Plan Colombia, o sea continuar la guerra contra las FARC hasta ganarla, y perseguir al narcotráfico. En este punto la coincidencia entre Bogotá y Washington es completa, más allá que para las cúpulas colombianas el ampliar la presencia militar estadounidense es una buena forma de resolver cualquier posible dificultad en las relaciones entre ambos países.
El despliegue de la IV Flota decidido el año pasado, se ve ahora completado por un rosario de siete bases que el Comando Sur puede utilizar cuando lo considere conveniente. Por cierto, la Casa Blanca y el Palacio de Nariño están empeñados en el argumento de que no habrá bases militares estadounidenses porque todas seguirán siendo controladas por el Estado y las fuerzas armadas colombianas, y que los 800 militares y 600 contratistas que operan actualmente en Colombia no se verán incrementados.
El argumento es sólo parcialmente cierto. En las nuevas condiciones de la guerra, el tipo de bases militares que existieron durante la Guerra Fría, grandes concentraciones humanas y de aparatos, fijas e inmóviles, están dando paso a un modelo más flexible como se desprende del informe "Global en Route Strategy" de abril de 2009 de la fuerza aérea de Estados Unidos. Se trata de poder contar con el uso de instalaciones sobre todo para el tránsito aéreo, que hagan posible el control a distancia y la disuasión, dejando la intervención directa para situaciones excepcionalmente críticas. En ese sentido, lo que más interesa a la superpotencia es contar con la cooperación de los gobiernos de la región, permitiendo instalar radares y sistemas de vigilancia, el uso de aeropuertos y puertos, cuestión mucho más decisiva que la presencia militar directa que, con la tecnología actual, puede concretarse en cuestión de horas.
Sin embargo, el nuevo despliegue del Comando Sur apunta en otra dirección. Para Juan Gabriel Tokatlián, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Di Tella, "el mensaje principal es para Brasil y no para Venezuela"6. Tiene razón, pero debe agregarse un par de detalles. Decir Brasil, desde la lógica imperante en Washington, es decir Amazonia, o sea, recursos naturales. En segundo lugar, el inminente acuerdo para la utilización de siete bases militares colombianas por el Comando Sur, puede estar relacionado con la creciente alianza entre China y Brasil, cuyo comercio debe realizarse a través de la cordillera andina.
La estrategia del cerco
Las cosas son según el lugar desde el cual se observen. Por eso en Brasil la decisión de ampliar la presencia militar del Comando Sur en la región cayó como una patada. El canciller Celso Amorim y el asesor para asuntos internacionales Marco Aurelio García, fueron muy explícitos. "Lo que preocupa a Brasil es una presencia militar fuerte, cuyo objetivo y capacidad pueden ir mucho más allá de lo que pueda ser la necesidad interna de Colombia", dijo Amorim a Folha de Sao Paulo. Agregó que hay una contradicción entre la afirmación de Bogotá de que las FARC están prácticamente aniquiladas y el aumento de la presencia militar estadounidense para combatirlas. "En la región, es importante tener transparencia y claridad. Eso tal vez haya faltado. Uno puede tener, por ejemplo, garantías formales sobre cómo serán usadas esas bases", concluyó7.
El presidente Lula, por su parte, vinculó las bases en Colombia y la reactivación de la IV Flota con la existencia de enormes reservas petroleras a 7.000 metros de profundidad en aguas de los estados de Santa Catarina y Espíritu Santo, que le darán al país autonomía energética. De ese modo, parece alinearse con una vieja preocupación de los estrategas y militares de su país en lo que denominan como "Geopolítica del Cerco". En efecto, en 2002 el Centro de Inteligencia del Ejército, con sede en Brasilia, realizó tres estudios que mapearon la presencia militar estadounidense en Sudamérica. Las conclusiones indicaban que en 2001 y 2002 había 6.300 militares de ese país construyendo pistas y destacamentos en forma de un "cinturón" militar que rodea a Brasil8.
Uno de esos trabajos, "Presencia de los Estados Unidos en América del Sur", a cargo del entonces coronel de infantería y ahora jefe militar del Nordeste, José Alberto da Costa Abreu, concluía que una de las principales consecuencias es "la disminución de la capacidad brasileña de proyectar poder en el ámbito regional por la existencia de un 'cinturón' de instalaciones norteamericanas próximas a las fronteras brasileñas, principalmente en la región amazónica"9.
En la serie de reportajes publicados por el sitio militar brasileño Defesanet, recuerdan que el 25 por ciento del petróleo que consumen los Estados Unidos proviene de los países andinos, y que la cuestión de la Amazonia es el tema más candente en la región y un asunto de extrema sensibilidad para Brasil.
Notas
- Agencia Xinhua, 13 de agosto de 2009.
- The Independent, 3 de agosto de 2009.
- Diario del Pueblo, 11 de agosto de 2009.
- Folha de Sao Paulo, 12 de agosto de 2009.
- China Daily, 12 de agosto de 2009.
- Página 12, 7 de agosto de 2009.
- DPA, Brasilia, 2 de agosto de 2009.
- Defesanet, el 18 de enero de 2006.
- Idem.
Raúl Zibechi es analista internacional del semanario Brecha de Montevideo, docente e investigador sobre movimientos sociales en la Multiversidad Franciscana de América Latina, y asesor a varios grupos sociales. Escribe el "Informe Mensual de Zibechi" para el Programa de las Américas (www.ircamericas.org).



