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Acabar Ya Con El Capitalismo

El crepúsculo del capitalismo

 

Que dejado a merced de la mano invisible del "libre" mercado desregulado, el sistema capitalista haya tenido que protagonizar las mayores intervenciones del Estado que se recuerden en su historia no deja de ser una refutación definitiva de tal sistema. Ha sido refutado y está en su crepúsculo, pero la agonía puede ser duradera y perniciosa por lo que está pidiendo una eutanasia asistida. Se impone un nuevo paradigma, en el sentido kuhniano, para acabar con esta pesadilla de la miserabilización y posible autodestrucción del mundo humano. Para esta necesaria sustitución, resulta pertinente desempolvar el viejo eslogan de Rosa Luxemburgo, pero adaptado a los tiempos, que vendría a profetizar aquello de: ecosocialismo o barbarie.

 

 

Luchar por combatir un paradigma hegemónico es un paso importante: reduce la ideología dominante de un estatuto hegemónico a un concepto refutado, aunque siga siendo dominante. (T. Spangenberg, Ecología Política, nº 35, 2008)

No es por ponerme solemne, pero asistimos a un especial momento histórico: el sedicente "libre’" mercado ha sido refutado.

El término refutación lo tomo en el sentido popperiano, es decir, es ese momento de las teorías científicas en el que los hechos, la experiencia, en lugar de corroborar las hipótesis formuladas (en nuestro caso las de la economía neoclásica-neoliberal-capitalista) la desechan. Y como dice David Southwood, director científico de la Agencia Europea del Espacio, “la ciencia tiene que ser experimental. La idea más genial puede estar equivocada” (El Público, 2.10.08).

¿Qué dice exactamente Popper, padre de la actual filosofía de la ciencia y acérrimo defensor de la sociedad abierta -léase también "libre" mercado-? Lo formularé enlazando títulos de su bibliografía: que la lógica de la investigación científica ha de transitar entre conjeturas y refutaciones en una búsqueda sin término.

La razón epistemológica de esa propuesta es fácil de entender: parte del axioma de que no es posible atrapar toda la realidad en un modelo o teoría y mucho menos librar a este modelo de sesgo cultural y subjetivo (“las teorías son nuestras propias invenciones, nuestras propias ideas”, dice Popper). No podemos encerrar lo "infinito" en algo limitado. Es la aporía que Agustín de Hipona propuso al niño de la playa para mostrarle la inefable existencia de Dios.

Pero, ¡Qué angustia, andar de refutación en refutación! Popper nos da un respiro con un criterio parecido al principio de precaución. Dice: “lo que afirmo es que una teoría bien corroborada es racionalmente preferible a otra peor corroborada... incluso aunque sepamos muy bien que puede llevarnos a un mal fin en algunos casos futuros”.

El modelo neoliberal pretendía ser una de esas teorías provisionales, la mejor ajustada a los intereses generales de los individuos (no digo sociedad dado el carácter epistemológicamente individualista del modelo). La mejor posible, la única posible, incluso, decían sus defensores, habida cuenta que otras alternativas (la economía de planificación central y de propiedad estatal, por ejemplo) había sido refutada y desechada por la historia, en el devenir del “socialismo real”.

La Escuela de Chicago, con Friedman a la cabeza, paladines de este modelo, consideraban a la economía como una disciplina del mismo rango científico que la física, por tanto desligada de valores y subjetividades (Naomi Klein ha dado buena cuenta de esta escuela triunfante en su reciente libro La doctrina del Shock).

La aplicación del modelo neoliberal a Chile primero, sin cortapisas bajo la égida de Pinochet, y después a Bolivia, Indonesia, la antigua URSS y finalmente al mundo entero, aplicando el Consenso de Washington y el correspondiente ajuste estructural, atestiguan su hegemonía. La enseñanza en las universidades de medio mundo sigue a píe juntillas los teoremas del "libre" mercado y de la consecuente benefactora "mano invisible" (por eso, con mucha gracia H. Dieterich anunciaba meses atrás que se habían suicidado 15 profesores de economía al contemplar la caída de sus creencias. No había sido el caso pero parecía que "nobleza" hubiese obligado)

Nunca, en la historia del capitalismo, el laboratorio para experimentar los supuestos e hipótesis de un modelo basado en la propiedad privada, el "libre" mercado, la competencia, el Estado mínimo, y el equilibrio general procurado por una "mano invisible", que guiados por el afán individual de maximizarlo todo (los beneficios, las utilidades, la producción...) iba a procurar el bienestar general y universal, ha estado mejor dotado.

En efecto, no sólo diversos países y el mundo entero, si no empresarios, gobiernos, organismos internacionales, intelectuales y ciudadanos eran creyentes de la última buena nueva de que la globalización neoliberal y las leyes del mercado habían salido de las entrañas de la naturaleza.

Un experimento del capitalismo que ha podido, casi sin trabas, deslocalizar, comerciar, provocar migraciones controladas, especular, monopolizar, hacer propaganda, chantajear, etc., ha tenido todas las condiciones para triunfar y por tanto para afirmarse como la mejor de las hipótesis corroboradas hasta el momento (dejando a salvo las posibles refutaciones en el futuro).

Nunca como ahora, decimos, las posibilidades de mostrar sus excelencias han sido mayores para el capitalismo, pues en los siglos pasados o bien los factores productivos y las mercancías no tenían la movilidad supersónica de este siglo o bien había otras hipótesis en liza, caso del "socialismo real".

Pero desde 1989, dejado a sus anchas, el "libre" mercado lo que ha demostrado es que:

a.- es incompatible con la vida tal como la conocemos: su crecimiento exponencial (a interés compuesto) en un mundo limitado socava los fundamentos ecosistémicos en los que se sustenta la especie humana (efecto Tánatos);

b.- exacerba las desigualdades de partida, condenando a la inmensa mayoría a la miseria material, cultural y moral (efecto Mateo);

c.- es autodestructivo, porque se realimenta exponencialmente a sí mismo con la ponzoña del beneficio, hasta dosis mortales de necesidad (efecto escorpión suicida).

Los apartados a) y b) habían sido largamente anunciados y comprobados antaño, al c) es justamente al que asistimos novedosamente. Que dejado a merced de la mano invisible del "libre" mercado desregulado, el sistema capitalista haya tenido que protagonizar las mayores intervenciones del Estado que se recuerden en su historia no deja de ser una refutación definitiva de tal sistema.

Las tres imágenes que acompañarían a este momento histórico podrían ser: la del oso polar hundiéndose con el Ártico; la de la gente modesta en la Ciudad de Nueva Orleáns a merced del Katrina, y la del secretario del tesoro usamericano, Sr. Paulson, (ex directivo de la Goldman Sachs, la mayor banca de inversiones del mundo, rescatada del naufragio) hincando una rodilla delante de la ex presidenta del Congreso, Sra. Pelosi, pidiéndole postrado que apoyase el plan de ayudas para rescatar del hundimiento al sistema (el relato que de este episodio hace el famoso economista, premio Nóbel, Krugman incluye la broma de la presidenta contestándole: “no sabía que fuese usted católico”).

Obviamente, el capitalismo ha sido refutado y está en su crepúsculo, pero la agonía puede ser duradera y perniciosa por lo que está pidiendo una eutanasia asistida.

Se impone un nuevo paradigma, en el sentido kuhniano, para acabar con esta pesadilla de la miserabilización y posible autodestrucción del mundo humano.

Para esta necesaria sustitución, resulta pertinente desempolvar el viejo eslogan de Rosa Luxemburgo, pero adaptado a los tiempos, que vendría a profetizar aquello de: ecosocialismo o barbarie. www.ecoportal.net

Paco Puche - Librero y ecologista - Revista El Observador - www.revistaelobservador.com

Sobrevive Luchador de la Teología de la Liberación a Terremoto en Chile

Nuestro hermano en la Teología de la Liberación y de la Vida, Enrique Orellana, ha sobrevivido al terremoto en Chile (del sábado 27 de Febrero de 2010) Bendita arquitectura e ingeniería contra sismos, pero sobre todo una bendición de La Divinidad para con nuestro hermano, por su lucha constante a favor de la espiritualidad revolucionaria y liberadora, que la hace por internet.


Alejandro Sánchez

 

Estimado amigo y amiga,
Recièn, hace pocos momentos me he incoporado a un PC y  estoy interiorizàndome de tu mensaje.

Estoy vivo y activo gracias a Dios. Màs eligiendo salir comunicacionalmente en forma abierta y no personalizada - pues  me gustaria lo contrario - , pero el tiempo y mi situaciòn personal lo impiden como afectado por el terremoto a dar respuesta personalizada  a tantos amig@s...

Solamente agradecer  y decirte amig@ que estoy recepcionando tu preocupaciòn, tus anhelos, tus oraciones por mis compatriotas y por los afectados en mi paìs, y  colaboradores, por mi persona y cercanos.

Al accionar el terremoto y escapar del edificio sufrì numerosas caidas para finalmente salir pràcticamente gateando al exterior... Mi departamento en momento del sismo con roturas de cañerìas de agua por abajo y por arriba, objetos de murallas que caen..sin lograr mantenerme en piè..etc. En fin, policontuso, herida y golpes en pierna izquierda con infecciòn hoy controlada. Descartada costilla quebrada o similares lado derecho, eso si aliviado con analgèsicos que permiten dormir pero que impiden desplazamientos habituales y para escribir con fuidez. Departamento que habito està pràcticamente  para demoliciòn y peligroso. El sector màs afectado que se dice grado cero es Ñuñoa-Santiago- Chile, que es donde vivo o vivìa. Estoy con mi familia durmiendo en una plaza y desde anteayer en una carpa. Luz elèctrica restituida haces tres dias, sin gas por su peligrosidad, agua obtenida de un grifo pùblico. Las condiciones son estupendas comparativamente frente a otros compatriotas. Eso.
En unos dìas màs enviarè fotografìas.
Pasaran muchos dìas para volver a la normalidad habitual y probablemente responder tu nota. Pero le harè empeño. 
A compatriotas en Chile, especialmente en zonas terremoteada  interesa saber de su acontecer.
Estamos investigando si algùn colaborador  puede sustraerse un poco de su situaciòn y apoyar en las comunicaciones.


Se agradece. Para el Bien Mayor.  Fraternalmente, Enrique Orellana

"Por una Teologìas de la Liberaciòn Latinoamericana Activa, Fuerte, Poderosa, Profètica e Iluminadora

 


Mensaje en Chat de Enrique:

 

Recièn hace poco rato estoy en un PC. . Estoy vivo es lo impoirtante. Soy una màs en los damninnficados.

estoy vieidno en un jardin yal arire libre ayer empece a dormi en carpa. Esoy policontuso.con dificultadres en el caminar y con curaciones en una pierna con infecciones controlada. Mas terde ire a curaciones tengo dificultades lado derecho pero camino pensè que tenìa cistilla quedrada pero medico me indico anteayer que no ,.. los anàgesìcos ocultan el malestar. Sali gatenado del departamento con muchas caidas ys destrozos , con agua por todos lados.desde anteayer hay luz... y hoy dìa probable agua... no me baño hace varios dìas.. detalle...

Resumiendo estoy bien y estamos dando la pelea .. hay personas que estàn en muchoperores condicones. Pedona que no responda mas a menudo .. tengo que ver donde me voy pues el lugar donde vivio p vivia habra`que desalojarlo. lamento no tener desplazamiensto fàcial y no estar en condciones de apoyar a otros,,Veremos como evoluciona .. Sigue temblando todos los dìas. un abrazo y gracias por preocuparte por mi. Es la primera salida que tengo por internet. Un abrazo avanzar es la LEY. Enrique

O Superamos El Egocentrismo y Racionalismo O Desaparecemos Como Especie

Esta sencilla entrevista a un monje cristiano zen conlleva muchísimas enseñanzas expresadas en pocas palabras. Willigis Jäger, monje cristiano zen (católico cistirciense y maestro Zen) en unas pocas frases nos expone el nuevo camino de la Teología de la Vida, que se alimenta también del Zen (en realidad Zen y Teología de la Liberación y de la Vida son lo mismo, pero adaptadas a las realidades de cada pueblo y situación histórica crítica) Esta entrevista tiene mucho que ver con el camino filosófico que hemos abordado (ver Vivencias Desde la Periferia) Racionalismo (con su vertiente política: La simple ideología*), Egocentrismo (hedonismo-consumismo), Capitalismo (globalización y centralismo económico mundial, con la concentración de riquezas, la división de clases y la explotación y marginación de las mayorías y la naturaleza), formas de pensar y de vivir que nos conducen directamente a la autodestrucción. Esta entrevista nos da una visión distinta, una nueva visión espiritual crítica no solo con el sistema imperante, sino con la propia forma de vivir la espiritualidad, que es la religión.


Alejandro Sánchez

*Observación: No es que se está en contra de las idelogías, al contrario, lo que sucede es que la política no puede  seguir basandose sola y exclusivamente en ideologías; propias del racionalismo; sino más bien debe basarse en holopensamientos, es decir, en corrientes de pensamiento más integradores, abarcantes y con énfasis en los sentimientos y visiones trascendentales (espiritualidad)



Ser monje cristiano y monje zen al mismo tiempo

 

Entrevista a Willigis Jäger monje beneditctino y maestro zen

Monje cristiano y zenMonje cristiano y zen

-¿Por qué un benedictino acude a la espiritualidad oriental?

-En la Iglesia católica no se enseñó la oración contemplativa y aún hoy día sigue habiendo dificultades con esa enseñanza.

-¿Es compatible la espiritualidad oriental con el credo católico?

-Existe una espiritualidad transconfesional y a ésa me dedico. Pero eso no significa que yo tenga que dejar la confesión católica.

-El teólogo Rahner decía que el siglo XXI, o es místico, o no será nada.

-Yo también creo eso, porque, o bien hacemos experiencias en el espacio transpersonal, o no vamos a poder sobrevivir como especie humana.

-¿Qué significa experiencia transpersonal?

-Nuestra personalidad es un logro de la evolución, pero al mismo tiempo significa una limitación. Nuestra conciencia tiene que ampliarse. Nos hemos desarrollado desde una conciencia prehomínida y de allí evolucionamos hacia una conciencia mágica, luego mítica, luego mental racional, pero no podemos quedarnos ahí.

-¿Qué es ese ahí?

-Provenimos de un paraíso en el que alguna vez nos sentimos en una unidad simbiótica con la naturaleza, y lo que llamamos pecado original no es otra cosa que el haber desarrollado la conciencia individual fuera de esa simbiosis. Pero, apenas salimos de ella y pudimos decir tú y yo, empezó a matar Caín a Abel. Desde entonces nuestra especie no ha hecho otra cosa que matarse mutuamente y eso se ha agravado muchísimo. Hemos llegado a un punto donde no sabemos cómo va a seguir esto. En el siglo pasado se mataron mutuamente cien millones de personas y ninguna moral surtió efecto.

-¿Por qué?

-Esas frases de «debes hacer», o «tienes que», no han hecho adelantar a nuestra especie humana para nada. Los grandes profesores y sacerdotes del mundo fueron un fracaso en este sentido. No estoy en contra de los profesores o de los sacerdotes, pero sus enseñanzas no han ayudado a los hombres.

-¿Alternativas?

-Tenemos en nuestro interior posibilidades para comprender la realidad de un modo que no puede abordarse con la razón. Nuestra conciencia personal supone un gran logro de la evolución, pero al mismo tiempo supone una limitación. Caer en la cuenta de esa limitación es esencial para nuestra especie.

-¿Cuál es esa limitación?

-Creemos que la conciencia del «yo» supone la única posibilidad de comprender. Pero eso es igual de tonto que cuando creíamos en el pasado que la Tierra era el centro del universo. Con esa concepción nos hemos orientado hacia un gran egocentrismo, que es la fuente de todos los males que conocemos en el mundo. El egocentrismo nos ha llevado al borde de la desaparición.

-¿Cómo superarlo?

-Para salir de esa limitación hay que entrar en el nivel de la unidad. Entonces vemos que somos uno con todo y que sólo existe uno. Una red de pescador consiste en muchas mallas y una malla sola no tiene sentido. Cada uno tiene sentido en la totalidad.

-Pero algunas religiones ya predican el amor al prójimo.
-Las religiones predican el amor y dicen «debes amar a tu prójimo igual que a ti mismo», pero no nos han ayudado las religiones para dar ni un paso hacia adelante. Decimos «mi religión», «mi confesión», …egoísmo, …y los que no estaban de acuerdo fueron quemados. Eso sigue igual en el presente: sunnitas y chiitas, judíos y musulmanes, fundamentalistas en la Iglesia católica. Todos dicen «yo, yo, yo…». Todos los problemas del mundo resultan de ese egocentrismo.

Renta Básica y Libertad, Las Condiciones Materiales Mínimas para La Verdadera Democracia

Vida buena, virtud y existencia material garantizada

 

Lo que pueda ser una vida buena depende de los objetivos, de las creencias de cómo funciona el mundo y de las capacidades sociales y naturales, tanto psíquicas como físicas, de cada uno. Las teorías académicas liberales tratan la cuestión de una forma diferente a como lo hace la concepción republicana histórica de la libertad. Lo que una renta básica pueda suponer para una determinada vida buena también depende de otras precisiones que ineludiblemente deben realizarse para saber con claridad de qué estamos hablando. Entre estas precisiones hay que referirse a la neutralidad y a la virtud. De esto trata básicamente este artículo (*).

Imaginemos a un cristiano fundamentalista de los que abundan en Estados Unidos, en el Reino de España y en Irlanda. O a un islamista también fundamentalista de los que abundan en Arabia Saudita o Kuwait. O a un judío fundamentalista de los que corren en muchas partes, en especial en el Estado de Israel. Llamémosles a todos F. Imaginemos también a un (o una, como en el caso anterior, aquí el sexo francamente poco importa para la argumentación) ateo y partidario del conocimiento contrastable y, por eso mismo, de la ciencia, de los que son minoritarios en casi todas partes. Llamémosle A. No resulta difícil seguir imaginando que F y A tendrán una idea harto diferente de lo que sus vidas respectivas deben ser para conseguir florecer de la forma más completa, útil y valiosa. Creo que pocas dudas puede haber al respecto y todo parece bastante sencillo, pero eso es solamente una parte y quizás no muy grande del problema.

En filosofía política se acostumbra a aceptar que una concepción liberal de la justicia es aquella que considera que el Estado debe permanecer neutral ante las distintas nociones de la buena vida que los ciudadanos y ciudadanas de un territorio determinado puedan llegar a tener. Concretemos más acerca de la propia palabra “liberalismo”. Con esta palabra pueden hacerse muchísimas distinciones y divisiones. Por ejemplo, entre liberalismo libertariano e igualitarista (las diferencias entre un Robert Nozick y un John Rawls son notables, sin duda). Por otro ejemplo, entre liberalismo económico y político. Y un tercer ejemplo, entre lo que se considera liberal en Europa y lo que se considera liberal en Estados Unidos. Entre estas y muchas otras distinciones que se podrían ofrecer existe una que considero de particular relevancia: la que separa entre liberalismo político y liberalismo académico. El primero, con una vida no superior a dos siglos, es el liberalismo que realmente ha existido a lo largo de los siglos XIX, XX y lo que llevamos del XXI (1). Corresponde a los historiadores continuar analizando el papel del liberalismo político, así como su enemistad permanente con la democracia, la libertad y la igualdad. El liberalismo académico, en cambio, es una amalgama en la que pueden entrar autores que políticamente se situarían muy a la derecha, otros en el centro y, finalmente, otros en la izquierda más o menos moderada (2). Mas lo que aquí nos interesa es la relación del liberalismo académico con la vida buena. Casi todas las variantes del liberalismo académico (hay alguna excepción) se consideran a sí mismas como concepciones de la justicia que no están comprometidas con la virtud, razón por la cual no son doctrinas políticas moralmente perfeccionistas, y por eso mismo pueden tener una concepción neutral del Estado. Finalmente, sigue este razonamiento, casi todos los liberalismos académicos son no sectarios y fomentan la tolerancia.

Todo este argumento forma más bien parte de los lugares comunes que de la adecuación a la realidad. Daré un pequeño rodeo para explicarlo y para ello debo introducir el concepto de libertad republicana (3). Para el republicanismo histórico, la propiedad en cada situación histórica es fundamental. La forma más breve de introducir la concepción republicana de la libertad es de la forma siguiente:

X es libre republicanamente (dentro de la vida social) si: 1) no depende de otra persona para vivir. Lo que equivale a decir que tiene una existencia social autónoma garantizada o, lo que es lo mismo, que tiene algún tipo de propiedad que le permite subsistir con comodidad; 2) nadie puede interferir arbitrariamente (es decir, ilícitamente o ilegalmente) en el ámbito de existencia social autónoma de X (en su propiedad);

Con lo que:

3) la república puede interferir lícitamente en el ámbito de existencia social autónoma de X, siempre que X esté en relación política de parigualdad con todos los demás ciudadanos libres de la república, con igual capacidad que ellos para gobernar y ser gobernado; 4) cualquier interferencia (de otras personas o personas, o del conjunto de la república) en el ámbito de existencia social privada de X que dañe ese ámbito hasta hacerle perder a X su autonomía social, poniéndolo a merced de terceros, es ilícita; 5) la república está obligada a interferir en el ámbito de existencia social privada de X, si ese ámbito privado capacita a X para disputar con posibilidades de éxito a la república el derecho de ésta a definir el bien público. Es decir, la república debe garantizar a toda la ciudadanía la libertad republicana. Finalmente, 6) X está afianzado en su libertad cívico-política por un núcleo duro –más o menos grande— de derechos constitutivos (no puramente instrumentales) que nadie puede arrebatarle, ni puede él mismo alienar (vender o donar) a voluntad, sin perder su condición de ciudadano libre (4).

Podemos ahora abordar los conceptos introducidos anteriormente de virtud y neutralidad. Empecemos por la virtud. La tradición histórica republicana no se ha planteado nunca la cuestión de la virtud de forma a-institucional, esto es, como un problema de mera psicología moral. Ya desde Aristóteles, toda referencia a la virtud ha ido acompañada de consideraciones institucionales y relativas a las bases sociales y materiales que hacen (o no) posible esta virtud. La virtud tiene, evidentemente, una dimensión psicológico-moral, pero el republicanismo siempre ha acompañado el análisis de esta dimensión con la afirmación de que sólo sobre el suelo de una existencia socio-material, aquélla puede brotar. Ya hace 2300 años, Aristóteles niega que el pobre libre tenga una base autónoma de existencia, pues no dispone de propiedad. Esta carencia de base autónoma de existencia impide que pueda ser libre y, por esa razón, Aristóteles, que se opone a la democracia o gobierno de los pobres que le ha tocado vivir,  defiende que los pobres libres sean privados de los derechos políticos (5). A partir de esta constatación, la virtud republicana no tiene nada que ver con el perfeccionismo moral, ni apela a una concepción de la vida buena aislada de las instituciones sociales. Todo lo contrario: la tradición republicana defiende que cuando la ciudadanía tiene garantizada por la república una base material para su existencia social autónoma, puede desarrollar una capacidad para autogobernarse en su vida privada. Y, además, tal garantía de una base material para la existencia social autónoma de los individuos posibilita que estos desarrollen su capacidad para la actividad pública. Claro que esta base material también puede empujar a algunos ciudadanos a atiborrarse de vino de calidad infame y de comida colesterólica y poco nutritiva mientras pasan por sus ojos los programas televisivos más protervos. Los defensores del republicanismo no niegan esta eventualidad; lo que afirman es que esta base material da la posibilidad (en mucho mayor grado que la situación en la que viven quienes carecen de ella) para desarrollar la virtud cívica, que no es otra cosa que la capacidad para autogobernarse en la vida privada y, de ahí, llegar a la vida pública ejerciendo plenamente su condición de ciudadanos, esto es, de individuos materialmente independientes.

Sigamos ahora con la neutralidad del Estado. Académicamente, por neutralidad del Estado se entiende que éste no tome partido por ninguna concepción de la vida buena. Las concepciones de la vida buena deben quedar circunscritas a la elección personal. Se admite que las teorías liberales de la justicia son neutrales respecto a las distintas concepciones particulares de la vida buena. Las teorías de la justicia que optan por la defensa y la recompensa de una concepción determinada de la vida buena son perfeccionistas. Así está establecido en el mainstream académico, como mencionaba más arriba. No creo que tal distinción sirva para gran cosa, más allá de alguna cuestión secundaria. Para la tradición histórica republicana el punto realmente interesante es otro. Según el republicanismo, el Estado debe mantenerse respetuoso claro está con respecto a las distintas concepciones de la vida buena que puedan abrazar los ciudadanos (6). De hecho, al republicanismo histórico le ha interesado algo, a mi entender, mucho más sugestivo y amplio. Me estoy refiriendo a la “obligatoria” interferencia abierta por parte del Estado para destruir (o limitar) la base económica e institucional de personas, empresas o cualquier otra agrupación particular que amenacen con disputar con éxito al Estado republicano su derecho a determinar lo que es de pública utilidad. Y esto quiere decir algo tan sencillo como lo siguiente. Imaginemos un poder privado tan extendido, normalmente a causa de la posesión de enormes propiedades, que pueda permitirse imponer su voluntad (su concepción del bien privado) al Estado (7). Lo que comportará que la neutralidad de éste quede arrasada de facto. Lo que comportará, a su vez, que gran parte de la población, dependiendo obviamente de cada caso, quede afectada por esta concepción del bien privado. La concepción republicana de la neutralidad del Estado apunta, precisamente, a la necesidad de que éste intervenga para evitar esta imposición.

 “La República de Weimar luchaba por la neutralidad del estado cuando peleó –y sucumbió— contra los grandes Kartells de la industria privada alemana que financiaron la subida de Hitler al poder; la República norteamericana luchó –sin éxito— por la neutralidad del estado cuando trató de someter, con la ley antimonopolios de 1937, a lo que Roosevelt llamaba los ‘monarcas económicos’.” (8)

El problema de la neutralidad del Estado, para la tradición republicana, no se para con la pregunta relativa a si se debe respetar una concepción de la vida buena que, por ejemplo, asocie el bien a la consagración de la lectura repetida de todos los álbumes de Tintin combinada con la visión casi ininterrumpida de los maravillosos partidos que permitieron ganar las 6 copas al FC Barcelona en el año 2009. Que debe respetar esta concepción de la buena vida, por supuesto. El problema realmente importante es si la existencia material de una persona o de un buen grupo de ellas debe depender institucionalmente, dada la actual configuración institucional de los derechos de propiedad, de los planes de inversión de una transnacional. O si los recursos energéticos de países enteros deben estar a disposición de los consejos de administración de algunas grandes empresas. O si los dogmas de algunas iglesias pueden llevar a la expropiación de la existencia material de determinadas personas. En estos casos, nos hallamos ante planes de vida –ante nociones de la vida buena– que quedan erosionados, cuando no completamente mutilados, para mucha gente por la destrucción de la base material que los hubieran hecho posibles, y quien destruye o erosiona estos planes de vida son unos poderes con grandes posesiones de propiedad. Un Estado republicano (algunos ya dirían directamente socialista, pero creo que el problema no se puede resolver tan nominalmente) debe imposibilitar que se den este tipo de situaciones. Precisamente para garantizar la neutralidad. Exactamente lo contrario de lo expresado de forma difícilmente más breve a cómo lo hizo el dibujante El Roto el pasado 25 de febrero: “¡Que perezca el Estado para que las bolsas vivan!”.

Debe de haber quedado claro ya que para el republicanismo sin la existencia material garantizada no puede existir la libertad. Y, para esta forma histórica de pensar política y socialmente, tratar de la existencia material es hacerlo de la propiedad. Dicho con otras palabras, para la tradición republicana, la libertad política y el ejercicio de la ciudadanía son incompatibles con las relaciones de dominación mediante las cuales los propietarios y ricos ejercen dominium sobre aquéllos que “sólo pueden vivir con permiso”, por utilizar la conocida expresión de Marx, de los anteriores.

Y aquí entra para algunos autores, entre los que me incluyo, la propuesta de la renta básica como mejor manera para garantizar la existencia material sin la cual no puede existir la libertad. Entiéndase bien: hay autores liberales académicos que defienden la renta básica por otros motivos. O que, dicho de otra forma, justifican la renta básica por otras razones. A diferencia de los anteriores, para un partidario de la libertad republicana, la renta básica puede ser una buena forma de garantizar la existencia material de todas las personas que haga posible la libertad.

A lo largo de los últimos lustros, en discusiones políticas y académicas, han ido surgiendo muchas cuestiones relacionadas con la renta básica de interés directo para el propósito de este artículo. Me refiero concretamente al menos a dos grupos de temas de signo no necesariamente contrapuesto. El primer grupo presta atención a las posibilidades de una renta básica como un medio para una vida buena de mayores vuelos para muchas personas. El segundo grupo centra su punto de mira en la insuficiencia de la renta básica para atacar las injusticias causadas por el sistema capitalista actual. Veámoslo.

La renta básica posibilitaría, siempre que fuera de una cantidad igual o superior al umbral de la pobreza, planear una vida buena a muchas personas en unas condiciones ceteris paribus mucho mejores que las actuales. Por lo pronto, permitiría: para muchas personas rechazar condiciones de trabajo infames o no deseadas; planificar más libremente distintas etapas de nuestras vidas (hay momentos de las mismas en que se precisa más tiempo, otros que se requiere mayor capacidad adquisitiva…); para una parte muy importante de la clase obrera, disponer de una caja de resistencia con motivo de una huelga, especialmente si ésta fuese de larga duración (9); para algunas personas la reducción del riesgo de iniciar determinadas actividades de auto-ocupación (10); para muchas mujeres no tener que depender económicamente de su marido o compañero sentimental (11); un alto grado de desmercantilización de la fuerza de trabajo (12); para buen número de personas, unas mayores perspectivas de invertir tiempo en el trabajo voluntario o en la actividad solidaria o militante (13). A nadie se le escapará que si eso fuera así, las posibilidades de una vida buena de mayores vuelos para muchas personas ganarían enteros.

La renta básica, en cambio, no sería un gran freno a las posibilidades de actuación de las grandes transnacionales, ni los organismos económicos internacionales se verían afectados en el casi exclusivo control que sobre ellos ejercen los países ricos, con el tipo de actuaciones despóticas que hemos conocido a lo largo de las últimas tres décadas. Lo que nos lleva a la cuestión más arriba reseñada: la renta básica no es una medida suficiente para acabar con las injusticias causadas por el actual sistema capitalista. Sin más añadidos, esta afirmación creo que es trivialmente cierta, y por ello muy poco interesante. Es trivialmente cierta, porque es de todo punto irrebatible que, con la renta básica, el sistema capitalista seguiría siendo un sistema capitalista. Quizás se trataría de un sistema capitalista modificado respecto a como lo conocemos hoy, si se cumplieran todas o buena parte de las posibilidades mencionadas en el párrafo anterior. Aún así, seguiría siendo verdad que hacer frente a las inmensas desigualdades que causan la ausencia de libertad para una porción tan mayoritaria de nuestra especie requiere el concurso de otras medidas. Muy distinta cuestión es pretender que ello es un argumento contra la conveniencia de la renta básica.

 

Notas:

(*) La presente versión de este artículo está ligeramente modificada de la publicada originalmente en la revista Viento Sur.

(1) “’Liberalismo’ es palabra inventada en España en las Cortes de Cádiz de 1812. El liberalismo es un fenómeno histórico del siglo XIX, y es un anacronismo –nada inocente, por cierto, y preñado de consecuencias político-ideológicas— calificar de ‘liberales’ a autores del XVII o del XVIII.” (Domènech, 2009: 27, n61). Los que trabajamos en una facultad de económicas, podemos observar que este anacronismo es permanente. Así, en estas facultades y en multitud de obras académicas, Adam Smith pasa por ser uno de los fundadores del liberalismo o un liberal a secas. ¡Y Smith murió en 1790! Véase, para una explicación detallada de los fundamentos republicanos de la concepción smithiana, Casassas, 2010. (2) Para un mayor desarrollo de este punto y los siguientes, véase Raventós, 2007: ξ 2.4 y 3.5. (3) Para una distinción entre el republicanismo histórico y el neorepublicanismo académico y la principal diferencia entre ambos, véase Domènech y Raventós, 2007. (4) Bertomeu y Domènech, 2006. 5/ Véase, para un mayor detalle de esta argumentación aristotélica, Raventós, 2007: ξ 3.1. (6) “Por lo demás, la tesis de la neutralidad del estado es un invento característicamente republicano, al menos tan viejo como Pericles” (Bertomeu y Domènech, 2006). (7) Lo que ocurre con las grandes transnacionales en el año 2010, por señalado ejemplo. (8) Bertomeu y Domènech, 2006. (9) Raventós y Casassas, 2003. (10) Lo Vuolo y Raventós, 2009. (11) Raventós, 2007: ξ 3.6. (12) Wright, 2006. (13) Para una relación de la tarea militante y voluntaria en general con la actividad autotélica que lleva la recompensa en el desarrollo de la propia actividad (y que, por tanto, es virtuosa en el sentido de Aristóteles), en contraposición a la actividad instrumental, como resulta ser la mayor parte del trabajo asalariado, véase Raventós, 2007: ξ 4.2 y 4.4.

 

Textos citados:

María Julia Bertomeu y Antoni Domènech (2006): “El republicanismo y la crisis del rawlsismo metodológico (Nota sobre método y substancia normativa en el debate republicano)”, Isegoría, núm. 33, pp. 51-75.

David Casassas (2010): Propiedad y comunidad en el republicanismo comercial de Adam Smith: el espacio de la libertad republicana en los albores de la gran transformación, Barcelona, Ed. Montesinos.

Antoni Domènech (2009): “¿Qué fue del ‘marxismo analítico’? (En la muerte de Gerald Cohen)”.  Sin Permiso, núm. 6, pp. 33-71. En Sin Permiso electrónico: http://www.sinpermiso.info/articulos/ficheros/Cohen.pdf

 

Antoni Domènech y Daniel Raventós (2007): Property and Republican Freedom: An Institutional Approach to Basic Income”, Basic Income Studies, Vol. 2:  Iss. 2, Article 11. Hay traducción castellana en Sin Permiso, núm. 4, pp. 191-199.

 

Rubén Lo Vuolo y Daniel Raventós (2009): “Algunas consecuencias de la crisis económica en Argentina y el Reino de España y la propuesta de la renta básica (o ingreso ciudadano)”, Sin Permiso, núm. 5, pp. 115-129. Y también en Sin Permiso electrónico: “La renta básica: una buena propuesta en tiempos de bonanza, muy buena en tiempos de crisis. Comentario sobre Argentina y el Reino de España

Daniel Raventós (2007): Las condiciones materiales de la libertad, Barcelona, Ediciones Viejo Topo.

Daniel Raventós y David Casassas (2003): “La Renta Básica y el poder de negociación de ‘los que viven con permiso de otros’”, Revista Internacional de Sociología, núm. 34, pp. 187-201.

Erik Olin Wright (2006): “La Renta Básica como programa socialista”, Sin Permiso, núm. 1, pp. 145-152.

 

Daniel Raventós es profesor de la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad de Barcelona, miembro del Comité de Redacción de SINPERMISO y presidente de la Red Renta Básica. Su último libro es Las condiciones materiales de la libertad (Ed. El Viejo Topo, 2007).

 

Los Mayas No Profetizaron el Fin del Mundo

"Mayas no profetizaron el fin del mundo"

 

Calendario maya.
Calendario maya.

Estudiosos rusos descartaron aquí que los mayas hayan profetizado el fin del mundo, idea que se les ha atribuido, tomando como base su calendario que concluye en 12 de diciembre de 2012.

La directora del Centro de Estudios Mesoamericanos "Yuri Knórosov" de la Universidad Estatal de Rusia de Ciencias Humanas, Galina Ershova, aseguró que el fin del mundo no fue pronosticado en las profecías de la cultura maya.

Durante la conferencia magistral "La vida de los mayas a través de los textos jeroglíficos" ante estudiantes de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL) la doctora Ershova, especificó que la teoría maya sólo pronosticó la presencia de sequías y enfermedades en los próximos 20 años a partir de su escritura.

Destacó que los textos astronómicos no hablan de ninguna profecía "hablan sobre cosas reales y muy concretas, nada de cosmovisión y nada de muertos en 2012, simplemente ellos hablaban de sequías".

La historiadora académica rusa que se especializa en el estudio de las antiguas civilizaciones, culturas y lenguas del Nuevo Mundo y en particular la de la cultura y escritura de los mayas, dijo que éstos sólo se centran en el espacio de la vida de la humanidad.

"Los mayas no habían dicho eso -de las profecías-, en ninguno de los textos, ellos eran mucho más inteligentes", enfatizó la autora de unos 200 artículos científicos en el arte, la literatura e incluyendo más de ocho libros sobre la escritura maya, la historia, y la arqueoastronomía.

Explicó que para poder descifrar los jeroglíficos mayas, el pionero ruso Yuri Knórosov, tuvo que utilizar un modelo matemático, 365 signos de escritura silábica fonética y los 29 signos de Diego de Landa para poder comprender el mundo maya.

Mencionó que los estudios realizados en Rusia se basaron en hechos reales y no en versiones que ofenden el patrimonio cultural de un pueblo indígena.

"La educación de una cultura clásica europea que estudia las cosas del mundo antiguo de todas las regiones permitió que Yuri Knórosov, se metiera como en el agua para descifrar la escritura maya y entonces yo estaba fascinada con el paisano y también quería compartir con él este trabajo", indicó.

Galina Ershova señaló que en su trabajo analizan a través de los textos la vida maya y no a través de "gringadas que aparecen en películas, como la de Mel Gibson que ofendió a la cultura porque hablaba de la vida antigua maya cuando utilizaron todo lo nuevo en Yucatán y Quintana Roo, es una tontería" , expresó.

Añadió que "los textos mayas no sólo son una visión del universo, sino una reflexión de nosotros mismos para ver en qué mundo vivimos".

A pesar de no haberse encontrado nuevos cambios en la escritura jeroglífica maya, la historiadora académica expresó que hasta el momento todo quedará en un proceso de acumulación que estará profundizando en el pasado, presente y futuro del contexto social.

 

 

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Poster de la película de Roland Emmerich 2012, jamás los Mayas imaginaron algo así al escribir su calendario.

 

Las Primeras Pruebas Para La Humanidad

Test para la humanidad

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Nuestro País



El desastre que se abatió sobre Haití, arrasando Puerto Príncipe, matando a millares de personas y privando al pueblo de las estructuras mínimas para la supervivencia, es una prueba para la humanidad. Según los pronósticos de quienes siguen sistemáticamente el estado de la Tierra, no pasará mucho tiempo antes de que nos enfrentemos a varios Haitíes, con millones y millones de refugiados climáticos, provocados por eventos extremos que podrán ocasionar una verdadera devastación ecológica y destruir incontables vidas humanas.

En este contexto dos virtudes, ligadas a la esencia de lo humano, deben alcanzar especial relevancia: la hospitalidad y la solidaridad.

La hospitalidad, ya lo vio el filósofo Kant, es un derecho y un deber de todos, pues todos somos habitantes, o mejor, hijos e hijas de la misma Tierra. Tenemos derecho a circular por ella, a recibir y ofrecer hospitalidad ¿Estarán las naciones dispuestas a atender este derecho básico de aquellas multitudes que ya no puedan vivir en sus regiones supercalentadas, sin agua y sin cosechas? El instinto de supervivencia no respeta los límites de los estados-naciones. Los bárbaros de antaño derribaron imperios y los nuevos «bárbaros» de hoy no harán otra cosa, en caso de que no sean exterminados por los que usurparon la Tierra para sí. Paro aquí porque los escenarios probables y no imposibles son dantescos.

La segunda virtud es la solidaridad. Ella es inherente a la esencia social del ser humano. Ya los clásicos del estudio de la solidaridad como Renouvier, Durkheim, Bourgeois y Sorel enfatizaron el hecho de que una sociedad no existe sin la solidaridad de unos hacia otros. Supone una conciencia colectiva y el sentimiento de pertenencia de todos. Todos aceptan de una manera natural vivir juntos para realizar juntos la política, que es la búsqueda conjunta del bien común.

Debemos someter a crítica el concepto de la modernidad que parte de la absoluta autonomía del sujeto en la soledad de su libertad. Se dice: cada uno debe hacer lo suyo sin necesidad de los otros. Para que los seres humanos así solitarios puedan vivir juntos necesitan de hecho un contrato social, como el elaborado por Rousseau, Locke y Kant. Pero ese individualismo es falso e ilusorio. Hay que reconocer el hecho real e irrenunciable de que el ser humano es siempre un ser de relación, un-ser-con-los-otros, entretejido siempre en una urdimbre de todo tipo de conexiones. Nunca está solo. El contrato social no funda la sociedad, sólo la ordena jurídicamente.

Además, la solidaridad posee un trasfondo cosmológico. Todos los seres, desde los topquarks pero especialmente los organismos vivos, son seres de relación y nadie vive fuera de la red de inter-retro-conexiones. Por eso, todos los seres son solidarios recíprocamente. Cada uno ayuda al otro a sobrevivir —es el sentido de la biodiversidad— y no necesariamente son víctimas de la selección natural. A nivel humano, en vez de la selección natural, por causa de la solidaridad, introducimos el cuidado, especialmente para con los más vulnerables. Así no sucumben a los intereses excluyentes de grupos o de un tipo de cultura feroz que coloca la ambición por encima de la vida y de la dignidad.

Hemos llegado a un punto de la historia en el cual todos nos descubrimos entrelazados en una única geosociedad. Sin la solidaridad de todos con todos y también con la Madre Tierra no habrá futuro para nadie. Las desgracias de un pueblo son nuestras desgracias, sus lágrimas son nuestras lágrimas, sus avances, nuestros avances. Sus sueños son nuestros sueños.

Bien decía el Che Guevara: «La solidaridad es la ternura de los pueblos». Es la ternura que tenemos que dar a nuestros sufrientes hermanos y hermanas de Haití.

Fuente: http://www.elpais.cr/articulos.php?id=19661

Dos Artículos Racionalistas Antirreligiosos

OBSERVACIÓN: Respetamos los puntos de vista de los autores, aunque no los compartimos.

 

 

Posmodernismo, pseudociencias, religión e izquierda política

 

¿Hay alguna relación entre posmodernismo y pseudociencia? Bien, quizás para poder responder con mayor conocimiento de causa sea necesario definir ambos términos. El posmodernismo es una corriente intelectual que tiene en mayor o menor grado estas características: el rechazo de la tradición racionalista de la Ilustración, el desprecio hacia cualquier tipo de comprobación empírica de sus discursos teóricos, y un relativismo cognitivo y cultural que considera a la ciencia como una "narración" o una construcción social entre muchas otras.

Por pseudociencia la definición que puede valer es: conjuntos de pensamientos, afirmaciones o relaciones sobre realidades o imaginaciones de todo punto inaceptables por la ciencia; habitualmente quien la practica apoya estos pensamientos mediante razonamientos o informes que distan de satisfacer los requisitos habituales en ciencia.

Ya puestos, también se especificará qué se entiende por ciencia: un intento crecientemente exitoso ("crecimiento exitoso" porque para decirlo con las palabras de uno de los mayores especialistas mundiales en especiación, Jerry A. Coyne: "los problemas difíciles a menudo ceden ante la ciencia") de obtener una comprensión objetiva, si bien siempre incompleta y aproximada, del mundo.

Si en una línea horizontal que intentase reflejar el continuo que va, de izquierda a derecha, desde la ciencia probada hasta la pseudociencia más "pura", basado en la fuerza de los datos empíricos a favor de las distintas teorías que pudiéramos poner, nos encontraríamos en el extremo izquierdo con teorías, por ejemplo, como la atómica o la evolución. En realidad, son muchos los que coinciden en que la evolución es un hecho. Uno de ellos, Richard Dawkins, lo dice de forma elocuente: "Más allá de una duda razonable, más allá de una duda seria, más allá de una duda sana, informada, inteligente, más allá de cualquier duda, la evolución es un hecho." (1). Pero no nos detengamos en este punto; en el extremo izquierdo de este hipotético continuo, repito, están la teoría atómica y la evolución, entre otras. En el extremo derecho existen, ¡ay!, muchos ejemplos para poner: astrología, creacionismo, judaísmo, cristianismo, tarot… Cerca del extremo derecho también estaría situada la homeopatía, por ejemplo.

La relación entre postmodernismo y pseudociencias es una de las investigaciones que nos propone, entre otras muchas, Alan Sokal en su nuevo libro Más allá de las imposturas intelectuales (Paidós, 2009), excelentemente traducido por Miguel Candel.

Como se recordará, Alan Sokal fue el responsable de un episodio muy divertido y muy ilustrativo. En el año 1996, la revista postmoderna que académicamente gozaba de mucha importancia, Social Text, publicó en el número 46/47 un artículo de título largo y voluntariamente incomprensible (la traducción del inglés sería algo así como "Transgredir las fronteras: hacia una hermenéutica transformativa de la gravedad quántica") escrito por este físico de izquierdas estadounidense. Poco después de publicarse, el mismo Alan Sokal envió un artículo a la misma revista en el que confesaba que todo lo que había escrito allá era un sinsentido de lo más estúpido. Social Text no quiso publicar este nuevo artículo de Sokal en donde se desmontaba el engaño, aunque sí lo hizo Dissent en el mismo año 1996. Entre otras cosas, Sokal afirmaba en este nuevo artículo: "… mi artículo [el anterior publicado en Social Text] es una mezcla de verdades, medias verdades, cuartos de verdad, falsedades, saltos ilógicos y frases sintácticamente correctas que carecen por completo de sentido." Y también: "Confieso que soy un viejo izquierdista impenitente que nunca ha entendido cómo se supone que la deconstrucción va a ayudar a la clase obrera. Y soy también un viejo científico pesado que cree, ingenuamente, que existe un mundo externo, que existen verdades objetivas sobre el mundo y que mi misión es descubrir algunas de ellas." Se armó un buen escándalo que hasta recibió nombre propio: "el asunto Sokal". El escándalo tuvo por supuesto también un amplio seguimiento en la prensa de gran tirada, tanto en la francesa como en la estadounidense. Poco después y cuando las repercusiones de la bulla no se habían extinguido ni mucho menos, Alan Sokal, junto al físico teórico belga Jean Bricmont, coescribió un libro titulado Imposturas intelectuales que, originalmente en francés, se publicó en muchos idiomas, entre ellos el catalán y el castellano, a partir de 1997. En este libro, Sokal y Bricmont, tomando algunos textos de Jacques Lacan − el que, según el veterano filósofo Mario Bunge, dio lugar al poco recomendable género del "charlacanismo" (2)−, Julia Kristeva, Bruno Latour, Jean Baudrillard, Gilles Deleuze, entre otros, mostraban la tendencia de estos autores postmodernos al abuso de algunos términos científicos sin poseer la más remota idea acerca de lo que estaban hablando o escribiendo. También confesaban los autores de Imposturas intelectuales su preocupación porque la moda postmoderna suponía un debilitamiento de la izquierda política que se dejaba influir por ella. Sokal y Bricmont, que siempre han tenido a Noam Chomsky en alta estima científica y política (3), citaban en Imposturas intelectuales al actualmente octogenario estadounidense en su apoyo:

"Los intelectuales de izquierdas participaron activamente en la vida animada de la cultura obrera. Algunos buscaron compensar el carácter de clase de las instituciones culturales con programas de educación obreros o mediante obras de divulgación  —que conocieron un éxito muy grande—  sobre matemáticas, ciencias y otros temas. Es hiriente constatar que hoy en día sus herederos de izquierdas a menudo privan a los trabajadores de estos instrumentos de emancipación, y nos informan que el ’proyecto de los Enciclopedistas’ está muerto, que hemos de abandonar las ’ilusiones’ de la ciencia y de la racionalidad. Será un mensaje que hará felices a los poderosos, satisfechos de monopolizar estos instrumentos para su propio uso." (4)

Han pasado aproximadamente 13 años desde la edición de Imposturas intelectuales. Ahora, con la publicación de Más allá de las imposturas intelectuales, Sokal, que también ha contado en algunas partes del libro con la colaboración de Jean Bricmont, aborda aspectos más amplios y ambiciosos que en la obra anterior. Más allá de las imposturas intelectuales es un libro mucho más largo que el primero (en la edición de Paidós tiene 576 páginas) y se adentra en campos como −además de los mencionados anteriormente: pseudociencias y postmodernismo− la religión y la ética. El resultado en mi opinión es, aunque en conjunto muy bueno, algo desigual. Creo, por ejemplo, que no era necesario en este libro volver a incluir el artículo de Social Text, si bien ahora está editado con nuevos comentarios. En cambio, el largo capítulo sobre "religión, política y supervivencia" me parece especialmente brillante. Y demoledor. Incluye una discusión con la idea defendida por el ya difunto Stephen Jay Gould sobre los "magisterios no superpuestos". Gould había querido defender con estas palabras la idea de que la ciencia trata cuestiones de hecho, y la religión, cuestiones de ética y significado. Sokal defiende de forma muy convincente que esta posición es insostenible.

Un libro que no abundará a buen seguro en las bibliotecas de postmodernos y partidarios de cualquier pseudociencia.   

Notas: (1) Richard Dawkins, Evolución, Espasa, 2009, p. 22. (2)  Hay una divertida discusión en Imposturas intelectuales acerca de la equiparación (metafórica, se supone) que hace Lacan entre ¡el pene y la √-1! Sí, raíz cuadrada de menos uno. Increíble, pero cierto. (3) Bricmont editó, junto con Julie Franck, un monumental libro de textos de y sobre Chomsky en 2007 que resulta imprescindible para toda aquella persona que quiera conocer con cierto detalle el pensamiento científico, social y político del veterano luchador: Chomsky, París, Éditions de l’Herne. (4) Para la impecable opinión de Chomsky sobre el postmodernismo, véase además del citado libro editado por Bricmont y Franck, Daniel Raventós, "Noam Chomsky sobre la revolución cognitiva, el postmodernismo, la libertad de expresión, la democracia y las guerras", Sin Permiso núm. 5.

 

 

Cherie Blair: una juez religiosa, pero injusta

 

Es significativo apuntar que cuando Cherie Blair adjudicó una sentencia intencionalmente benévola al Sr. Shamso Miah (dejando en suspenso por dos años una pena de cárcel de 6 meses) a pesar de que hubiera asaltado a un hombre y le rompiera la mandíbula, expresó no una, sino dos veces- otorgándole énfasis- su razón para ello: el hecho de que era una “persona religiosa”. Estas son sus palabras exactas: “Voy a suspender su sentencia por dos años puesto que es usted una persona religiosa y que nunca había causado problemas. Usted ocasionó una fractura leve a un miembro de la ciudadanía que esperaba en la cola del Lloyds Bank. Siendo como es un hombre religioso, usted sabe que este no es un comportamiento adecuado”.

 

Lo que desde luego no es un comportamiento nada adecuado es que una juez dicte sentencia según sus ideas personales sobre religión, ya sean positivas o negativas. Las opiniones de la Señora Blair, es conocido públicamente, son positivas; es bien sabido de todos que es católica, como lo es también ahora su esposo, el anterior primer ministro, recién convertido del anglicanismo; sus hijos fueron educados en la escuela católica London Oratory School de Brompton; y el recientemente católico Mr. Blair ha fundado una organización religiosa que tiene por objeto promover el ecumenismo entre los credos.

 

Como abogada, la Sra. Blair debería darse cuenta de las improcedentes e inadmisibles derivaciones provocadas al dictaminar sentencias indulgentes a creyentes por el mero hecho de serlo; esto es: que los no creyentes deberían recibir sentencias menos benévolas. Si hubiera dicho- y repetido dos veces- al aprobar el veredicto de una persona que supiese no creyente: “voy a aplicar toda la fuerza de la ley basándome en que usted no es creyente”, no hubiera creado ni una sola causa más de las que ya ha originado para que se desatara un escándalo, por la sencilla razón de que ese sería su lógico anverso, y resultaría por ello igualmente inaceptable.

 

Es correcto tener en cuenta la buena conducta y la inexistencia de antecedentes penales al aprobar una sentencia en un proceso penal. Mrs. Blair basó la buena conducta del culpable en que era una persona religiosa. Así que obviamente, la Sra. Blair mantiene de forma manifiesta que existe una relación entre “ser una persona religiosa” y “tener buena conducta”. Debe saber, sin embargo, que estos no siempre van ligados entre sí; tendría que haber estado viviendo encerrada dentro de un frigorífico durante estas dos últimas décadas para atreverse a pensar que fueran una misma cosa, ya que cómo muestran un buen número de ejemplos- y entre ellos las atrocidades cometidas en los Estados Unidos el 11/09- ser una persona religiosa es totalmente consistente con, y a veces incluso causa, de ser una malísima persona. Así pues, debe suponer- dejando la historia y el mundo contemporáneo a un lado por mostrar demasiados contraejemplos poco adecuados a su causa- que existe una tendencia de la gente religiosa hacia la buena conducta por el hecho de ser religiosos (y no, por ejemplo, que tengan tendencia a la buena conducta porque sean personas).
 

Permítaseme que examine cuidadosamente la lógica de la Sra. Blair. Ella no puede pensar sistemáticamente que las personas no religiosas tengan tendencia a la buena conducta porque no son religiosos. De serlo, estaría pensando que todas la personas, creyentes o no, se inclinan hacia una buena conducta. Pero este generoso pensamiento no es precisamente lo que se deriva de su exposición. Al contrario, sus comentarios al “devoto musulmán” rompe-mandíbulas (tal como lo describe la prensa) Shamso Miah, implican que lo que ella piensa es que las personas religiosas tienen una mayor tendencia a la buena conducta que la gente no-religiosa. ¿Qué es lo que justifica esta suposición? ¿Es acaso el hecho de que esos autoproclamados no-religiosos cometan atrocidades hacia todas las demás personas, sean religiosas o no, explícitamente en el nombre de su no-religión, y arrastrados a tales acciones en el servicio de esta no-religión? Por supuesto que no. Así pues, ¿sobre qué base que no sean sino sus prejuicios y sus propias creencias, puede la Sra. Blair decir, en una sentencia de una sala de justicia Británica, que una persona debiera ser tratada con más indulgencia por el hecho de ser religiosa?

 

El daño ocasionado a las personas no-religiosas de buen comportamiento con este comentario, y lo perverso del juicio en sí mismo, hace comprensible la demanda que la Sociedad Secular Nacional (NSS) ha interpuesto contra la Sra. Blair. Las reacciones de algunos medios eran previsibles. Andrew Brown, que escribe un blog habitual en la página del Guardian en el que airea sus opiniones sobre asuntos religiosos, cita el comunicado de la NSS: “¿Y qué hubiera pasado de ser ateo?, ¿Habría renunciado la Sra. Blair/Booth a la suspensión de sentencia basándose en que los no creyentes carecen de principios guía que les indiquen que no es correcto golpear a la gente en la cara? Este es un caso de discriminación bastante preocupante que parece probar que en los juzgados de Cherie Blair las personas religiosas reciben un trato diferente”.

 

Y entonces Brown añade que a la pregunta de “si ser un devoto musulmán (o cristiano) supondría en sí mimo una señal de buena conducta... Cherie Booth parece argumentar que así es... Para [los seculares] ser un devoto creyente es justo lo contrario: Es evidencia de una mala conducta”, ¿Cómo puede Brown, pasando por alto las suposiciones de la Sra. Blair, llegar de este comentario de la National Secular Society (Sociedad Secular Nacional) a la conclusión de que ellos o cualquier otro secular piensa que “ser un creyente devoto es prueba evidente de mala conducta”? (Y peor aún, Brown añade a continuación que en el “mundo” del presidente de la NSS, Terry Sanderson, los jueces deberían ir diciendo: “a pesar de no tener cargos previos contra su persona, es usted sin embargo seguidor del Papa Benedicto XVI y, por lo tanto, incapaz de diferenciar lo bueno de lo malo. Es por ello por lo que me encuentro en la obligación de imponerle una sentencia privativa de libertad”. Esta es una parodia pareja que sigue el planteamiento de Brown). Es justamente porque todo tipo de asunciones, en uno u otro sentido, carecen de valor – un mandamiento sobre el que se funda el secularismo- por lo que precisamente la NSS desafía a la Sra. Blair, un razonamiento que parece que Mr. Brown no acaba de entender.

En el Times, un joven licenciado de filosofía convertido al periodismo, el Sr. Hugo Rifkind, que aunque asegura simpatizar con la protesta de la Sociedad Secular Nacional contra la Sra. Blair, argumenta a continuación que sus “estudios de filosofía” le han llegado a enseñar que la Sra. Blair y su iglesia católica tienen razón cuando sostienen que las creencias religiosas “te dotan con un especie de moralidad superior, que supera con creces todo lo demás”. Su razón para decir esto es que, tal como lo explica él mismo, “la moralidad abstracta no existe. Ni tan solo tiene sentido. Si Dios no es la última respuesta, ¿qué podría serlo?”
 

Esta es un pésimo reclamo para donde quiera que el Sr. Rifkind estudiara filosofía. Eso, o no estaba atendiendo a la “primera semana” cuando (según dice) parece que se impartió el curso de ética. Y desde luego, parece que desde entonces haya dejado de pensar por completo. Permítanme que dirija su atención hacia Sócrates, Aristóteles, los Estoicos, Hume, Kant y alguna otra docena más entre los pensadores con los que debería haberse topado durante sus estudios, y cuyas éticas no se basan en mandatos divinos o la existencia de fuerzas sobrenaturales, sino que se derivan de la reflexión sobre lo que los seres humanos, en esta vida y en este mundo, se deben los unos a otros en el sentido de respeto, interés, confianza, justicia y honestidad. Comparada con la rica tradición de la ética humanística que nos llega desde la antigüedad clásica, la mayoría de lo que se tiene por moralidad en la religión (“regala todas tus posesiones”, “no te ocupes del mañana”, “las mujeres habrán de cubrirse la cabeza en las iglesias”) parece algo estúpido y trivial- al menos lo que es específico de la religión y no cuenta con el apoyo de éticas más amplias, sean religiosas o de otra índole. Desde luego, el Sr. Rifkind deja expuesta aquí a la luz su ignorancia filosófica, por cuanto debería saber que lo que hay de valor práctico en las éticas cristianas ha sido importado de las escuelas helénicas y romanas tardías, especialmente del estoicismo, durante el siglo cuarto de la Iglesia de Inglaterra y en su posterioridad, para suplir la falta de una ética llevadera en una religión que, para empezar, contaba con un inminente fin del mundo y no veía necesidad de dinero, matrimonio, y ningún otro aspecto de la vida ordinaria. Así pues, con el pasar de los siglos, tuvo que buscar a su alrededor en un intento de incorporar algo más práctico, y lo encontraría, por supuesto, en la tradición pre-cristiana clásica. Pero para ir resumiendo: la concepción estoica romana de buena conducta le da mil vueltas, y una buena tunda, a la Sra. Blair (y lo mismo se aplica al Sr. Rifkind).

  

La cuestión que se deriva de este asunto nada edificante es que la Sra. Blair no está capacitada para ejercer su cargo en el tribunal, y que es totalmente necesaria una confirmación de la imparcialidad y exhaustividad judicial. Debería sucederse como el resultado de una acción disciplinaria contra la Sra. Blair, y el compromiso de buscar mejores razones para permitir que gente violenta se quede en la calle sólo por sus creencias en antiguas supersticiones pre-científicas.

Richard Dawkins ocupa la cátedra Charles Simonyi de divulgación pública de la ciencia en la Universidad de Oxford. Su último libro es Evolución. El mayor espectáculo sobre la Tierra.

 

 

OBSERVACIÓN: Respetamos las opiniones de Richard Dawkins, pero es que la propia ciencia invalida sus argumentos. Se sabe que las personas creyentes manejan mejor el stress y pueden tener mayor autocontrol, por tanto un creyente tiene más posibilidades de controlar su conducta que un no creyente. Son hechos científicos corroborados abiertamente. Ver más en Cerebro creyente, cerebro no creyente

La Única Alternativa Ante el Apocalipsis Que Vivimos

«Si no os convertís, todos pereceréis» 

 

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Leonardo Boff

 

 

  Dice Jesús en los evangelios: «Si no os convertís, todos pereceréis». Dicho de otro modo: «Si no cambiáis de modo de ver y de actuar, todos pereceréis». Nunca estas palabras me parecieron tan verdaderas como cuando presencié la Crónica de Copenhague, un documental de la TV francesa, emitido a través de un canal de pago en Brasil y, supongo, que en todo el mundo. En la COP-15 celebrada en Copenhague en diciembre pasado, se reunieron los representantes de las 192 naciones para decidir la reducción de las tasas de los gases de efecto invernadero, productores del calentamiento planetario.

Todos fueron allí con el deseo de hacer algo. Pero las negociaciones, después de una semana de debates intensísimos, llegaron a un punto muerto y no se decidió nada. ¿Cuáles fueron las causas de este impasse que provocó decepción y rabia en el mundo entero?

En primer lugar, creo que no había suficiente conciencia colectiva de las amenazas que pesan sobre el sistema-Tierra y sobre el destino de la vida. Era como si los negociadores hubiesen sido informados de que un Titanic se estaba hundiendo sin darse cuenta de que esa era la nave en el cual ellos estaban, la Tierra.

En segundo lugar, no se tenía claro que el objetivo principal era: impedir que el termómetro de la Tierra suba más de dos grados centígrados, porque entonces conoceremos la tribulación de la desolación climática. Para evitar tal tragedia urge reducir la emisión de gases de efecto invernadero, con estrategias de adaptación, mitigación, concesión de tecnologías a los países más vulnerables y financiación abundante para estimular tales medidas. La preocupación ahora no es garantizar la continuidad del statu quo sino dar centralidad al sistema Tierra, a la vida en general y a la vida humana en particular.

En tercer lugar, faltó una visión colectiva. Muchos negociadores dijeron claramente: estamos aquí para representar los intereses de nuestro país. Error. Lo que está en juego son los intereses colectivos y planetarios y no los de cada país. Eso de defender los intereses del país es propio de los negociadores de la Organización Mundial de Comercio, que se rigen por la competencia y no por la cooperación. Cuando predomina la mentalidad de los negocios la lógica que funciona, denunciada por muchos bien intencionados en Copenhague, es la siguiente: no hay confianza pues todos desconfían de todos, todos están a la defensiva, no ponen las cartas sobre la mesa por miedo a la crítica y al rechazo, todos se reservan el derecho de decidir sólo en el último momento como en un juego de póquer. De los grandes jugadores, China observaba, Estados Unidos callaba, la Unión europea quedó aislada, y los africanos, las grandes víctimas, ni siquiera fueron tomados en consideración. Brasil mostró coraje al final con las palabras de denuncia del Presidente Lula.

Por último, el fracaso de Copenhague —bien lo dijo Lord Stern allí presente— se debió a la falta de voluntad para vivir juntos y pensar colectivamente. Tales cosas son herejías para el espíritu capitalista enfundado en su individualismo. Éste no está en absoluto interesado en que vivamos juntos, pues la sociedad para él no pasa de un conjunto de individuos disputando furiosamente la mayor tajada del pastel llamado Tierra.

Jesús tenía razón: si no nos convertimos, es decir, si no cambiamos este tipo de pensamiento y de práctica hacia una línea de cooperación universal, jamás llegaremos a un consenso salvador. E iremos al encuentro de los dos grados Celsius de calentamiento, con sus dramáticas consecuencias.

La valiente negociadora francesa Laurence Tubiana al hacer el balance final dijo resignadamente: «los peces grandes siempre se comen a los pequeños y los cínicos siempre ganan la partida, pues ésa es la lógica de la historia». No podemos aceptar ese derrotismo. El ser humano es resiliente, o sea, puede aprender de sus errores y, en la urgencia, puede cambiar. Me quedo con el paciente jefe de los negociadores, Michael Cutajar, que al final de un fracaso dijo: «mañana lo haremos mejor».

Esta vez la única alternativa salvadora es pensar juntos, actuar juntos, soñar juntos y cultivar la esperanza juntos, confiando en que la solidaridad sea lo que fue en el pasado: la fuerza secreta de nuestra mejor humanidad.

 

 

El legado profético de Zilda Arns  

 

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La inolvidable Zilda Arns, la Ángel de las niñas y los niños oprimidos y condenados.

 

Se han hecho ya todos los elogios debidos a la médica brasilera, Zilda Arns —hermana del Cardenal de los derechos humanos, Paulo Evaristo Arns—, que sucumbió bajo las ruinas del terremoto de Haití. Tal vez la opinión pública mundial no se haya dado cuenta de la importancia de esta mujer que en 2006 fue propuesta como candidata al premio Nóbel de la Paz. Y bien que lo merecía, pues dedicó toda su vida a velar por la salud de las personas más vulnerables. Durante 25 años coordinó la Pastoral del Niño acompañando a más de un millón ochocientos mil menores de cinco años y a más de un millón cuatrocientas mil familias pobres. Con medios simples, como el suero casero, la alimentación a base de un preparado de nutrientes y otros recursos mínimos, salvó a millares de niños que antes fatalmente morían. A partir de 2004 inició la Pastoral de la Persona Mayor que llega a cien mil personas de edad avanzada.

Sería largo contar su extraordinario trabajo, difundido ya en más de 20 países pobres del mundo. Lo que pretendo es enfatizar los valores del capital espiritual que sustentaron su práctica. En esto iba en contra del sistema dominante y sirve de inspiración para el momento actual.

Hay una convicción creciente de que no saldremos de la crisis de civilización actual si continuamos con los mismos hábitos y los mismos valores consumistas e individualistas que tenemos. La dra. Zilda mostró cómo puede ser diferente y mejor.

Ella honró el cristianismo, viviendo una mística de amor a la humanidad que sufre, de esperanza en que siempre se puede hacer alguna cosa para salvar vidas, de fe en la fuerza de los débiles que se organizan y en prestar oídos a todos, hasta a los niños que no hablan todavía.

Tenía clara conciencia de que la solución viene de abajo, de la sociedad, sin que con eso se dispense al Estado de su deber. Los problemas sociales se resuelven a partir de la sociedad. Para eso suscitó la sensibilidad humanitaria que se esconde en cada persona e inauguró la política de la buena voluntad. Más de 250 mil personas voluntarias, sin retribución económica alguna, asumieron los trabajos junto a ella.

Copiada de la práctica de Jesús, una idea-generadora movía su acción: multiplicar. No sólo panes y peces como hizo Él, sino, en las condiciones de hoy, multiplicar el saber, la solidaridad y los esfuerzos.

Multiplicar el saber implica trasmitir a las personas sencillas los rudimentos de higiene, el cuidado con el agua, la toma periódica del peso del niño y la alimentación adecuada. Este saber refuerza la autoestima de las personas y confiere autonomía a la sociedad civil.

Multiplicar la solidaridad que, para ser universal, debe partir de los últimos, buscando llegar a las personas que viven en los rincones donde nadie va, tratando de salvar al niño más desnutrido y casi agonizante. Esta solidaridad es la que más escasea en el mundo actual.

Multiplicar esfuerzos, implicando a las políticas públicas, las ONG, los grupos de base, las empresas en su responsabilidad social, en fin, todos los que ponen la vida y el amor por encima del lucro y el provecho. Pero sobre todo multiplicar la buena voluntad generosa.

Estos son los contenidos del capital espiritual que deben estar en la base de la nueva sociedad mundial que hay que gestar. El siglo XXI será el siglo del cuidado de la vida y de la Tierra o será el siglo de nuestra autodestrucción. Hasta ahora hemos globalizado la economía y las comunicaciones. Tenemos que globalizar la conciencia planetaria y multiplicar el saber útil a la vida, la solidaridad universal, los esfuerzos para construir lo que todavía no ha sido ensayado. Amor y solidaridad no entran en las estadísticas ni en los cálculos económicos, pero es lo más buscado y lo que nos puede salvar.

La médica Zilda Arns seguramente sin saberlo, pero proféticamente, nos mostró en miniatura que este mundo no sólo es posible, sino que ya ahora es realizable.